No estaba muy acostumbrada a beber alcohol, ni yo, ni mucho menos Edward porque nuestro trabajo y la exigencia física que teníamos sobre nuestros cuerpos no nos lo permitían. ¿Bebía? Claro que sí, pero ocasionalmente los fines de semana y sentí que ya me había excedido durante el día anterior y el de hoy. Era demasiado y me percaté de aquello cuando no solo nos habíamos cansado de beber cerveza sino que Edward había pedido tragos que contenían vodka, además, pese a que pensé que las luces y el amontonamiento de gente me hacían sentir de alguna forma un poco mareada, cuando llegué al baño me di cuenta de que no era mi imaginación sino que realmente me encontraba ebria porque todo parecía darme vueltas. Era demasiado tarde para arrepentirme. Luego de entrar nada más que para orinar, salí pa

