¿Sabes dónde te estás metiendo? Mi inconsciente me lo repetía desde que dejamos el bar para montarme en el coche de Gabriel. Afuera estaba frío y agradecí tener mi abrigo conmigo, había encendido la calefacción y tenía la mirada puesta al frente. Estaba concentrado en el camino pese a todo lo que había sucedido minutos atrás en el baño de mujeres en el bar. Cerré los ojos al recordarlo y crucé levemente las piernas sintiendo un ardor placentero acumularse debajo de mi vientre. Sin embargo, me sobresalté en cuanto sentí la mano de Gabriel sobre mi muslo y abrí los ojos para mirar al hombre que iba conduciendo a mi lado. Aún tenía la mirada al frente pero estaba sonriendo. — ¿Estás bien? — regresó su mirada a la mía por un breve instante antes de tener la posibilidad de asentir con la

