Capítulo 1: “Problemas”

1737 Words
— ¡Muy bien! — aplaudí agitada para coger la botella de agua y mis alumnas también aplaudieron mientras se dispersaba por la sala —. Eso ha sido todo por hoy. Nos vemos la semana que viene. Bebí agua y bajé un poco el volumen de la música. — ¡La clase de hoy ha sido estupenda, Eva! — me dijo una de ellas, era una mujer mayor pero que se mantenía demasiado bien. La sonrisa que llevaba en mi rostro se ensanchó —. Buen fin de semana. — Gracias, Carol — le guiñé un ojo —. Igual para ti. Luego de despedirme de las demás alumnas y una vez quedó la sala vacía, decidí acomodar todo el equipo de pilates que habían utilizado antes y luego apagué la música. Solté un largo suspiro sabiendo que era viernes pero aún así, mi jornada laboral no terminaba porque trabajaba de lunes a lunes. Sí, así como leyeron. Durante el día trabajaba en el gimnasio y por la noche en un bar a un par de calles más abajo del edificio. ¿En qué momento dormía? Por la tarde, bueno, a veces. — Eva… Me sobresalté al oír una voz masculina y volteé hacia Edward, quien se hallaba en el umbral de la puerta. — ¿Puedes dejar de hacer eso? El rubio soltó una risa pero no se disculpó por haberme asustado y era porque lo hacía a propósito. Blanqueé los ojos al mismo tiempo en que dejaba la toalla a un lado. — Te ves horrible — bromeó intentando fastidiarme —. ¿Luces de la misma forma luego de tener sexo? — Es una pena que jamás lo sepas — le enseñé mi dedo del medio ganándome una carcajada de su parte mientras me dirigía a buscar mi bolso para guardar la toalla en él. — De hecho, es una pena para ti perderte todo esto. Había que admitir que Ed era jodidamente sexy. Era la copia exacta de Glen Powell y no, no era ninguna exageración. Siempre le decía que todas las mujeres venían aquí nada más que para tener la fortuna de cruzarte con él en el gimnasio y tener encima a tu entrenador, no las culpaba para nada. Sin embargo, aunque Ed era alguien muy caliente y tal vez alguien con quien pudiera acostarme, no lo haría porque mi regla número uno era no involucrarme con nadie del personal de trabajo. Claro que siempre existía la posibilidad de caer en tentación y romper mi propia regla pero con Ed era muy difícil, sobre todo porque no solo éramos compañeros de trabajo sino porque además de ser mi mejor amigo, era alguien mujeriego y aunque no estaba en mis planes enamorarme de alguien, no quería tener problemas como aquella vez en que dos de mis alumnas se pelearon por el rubio en cuanto descubrieron que mi amigo estaba saliendo con ambas al mismo tiempo. — ¿Y arriesgarme a quedarme sin dientes por alguna de mis alumnas? Pues paso. — Eso fue solo una vez — se defendió. — Sí, gracias a mí porque casi te despiden de no haber sido por mí. Ahora fue el turno de Edward de blanquear los ojos. — ¿Por qué estás aquí? — alcé una ceja —. Claramente no voy a irme a casa sino que voy a quedarme ayudándote mientras te llevas a alguien para follar en el baño, ¿verdad? — Menos mal que eres mi amiga, eh — solté una risa burlándome de él. Llevaba una musculosa blanca con letras en la parte de adelante y un pantalón largo deportivo de color n***o —. Además, eso fue solo una vez. — Debes ir a terapia. — Deja ya de decir que tengo ninfomanía. Al menos yo sí tengo sexo. Abrí los labios fingiendo indignación. — Eso me dolió. — Lo sé. Ambos reímos y chocamos nuestras manos. — No se vale buscar en Google, lo sabes — tiró de mi coleta hacia abajo provocando que enterrara mi puño en su costilla y salimos de la sala tras cerrar la puerta. — Tengo que ir a buscar el almuerzo porque no tienen repartidor — rodó los ojos —. Así que necesito que vigiles por aquí. Miré a nuestro alrededor a algunas personas utilizando las máquinas y oí el sonido de la música llenar por completo el gimnasio. — Vale — asentí con la cabeza —. Todo sea porque me traigas el almuerzo. — ¿Y quién te hizo pensar eso? Sus ojos se achinaron a los extremos cuando sonrió burlesco por la mala cara que había puesto. — Siempre puedo irme y dejarte sin trabajo — susurré encogiéndose de hombros mientras Ed caminaba hacia atrás sin dejar de mirarme. — No te atreverías. Alcé una ceja. — Me conoces hace seis años, ¿todavía lo dudas? — Ya lo recuerdo. Fue el peor día de mi vida. Antes de tener la oportunidad de decirle algo más, Ed se marchó y me coloqué detrás del mostrador para tomar anotaciones tras ver llegar a un par de chicas adolescentes que ya las había visto antes. Tomé sus datos y tras verificar que tuvieran sus pagos al día, las dejé ingresar. Pese a que en la puerta se hallaba Michael, personal de seguridad, debía quedarme aquí para verificar que todo estuviera en orden, no llegara más gente o incluso quedarme por si algún novato necesita ayuda con el funcionamiento de alguna máquina. El gimnasio tenía dos pisos y era bastante grande. En el segundo piso había boxeo y allí estaban Billy, el dueño del gimnasio, abajo estábamos Edward, Emily; esposa de Billy que trabajaba junto a Ed y además, administraba el gimnasio y en la sala de enfrente de pilates, estaba situada la sala de spinning con Jennifer. Tras esperar alrededor de quince minutos y ver que no había señales de Edward, decidí caminar por el gimnasio por si alguien precisaba de mi ayuda pero las caras que veía eran familiares. No había ningún novato, así que cogí mis auriculares para poner música y puse en marcha una caminadora mientras esperaba a que Edward regresara con comida, a medida que pasaban los minutos, aceleré la máquina y comencé a correr en ella. No podía quedarme quieta. Simplemente no podía hacerlo. Sin embargo, me ví obligada a detener la caminadora al ver de reojo a través del espejo como dos personas parecían discutir y Michael se había acercado para intervenir. Algunos estaban viendo lo que estaba pasando. Me quité los cascos y me acerqué a ver lo que ocurría. — ¿Qué sucede? — No eres más que un pervertido — lo acusó un sujeto de espalda ancha, alto y piel blanca repleta de lunares. Estaba de espaldas a mí por lo que no podía identificar su rostro —. ¿Acaso me quieres tomar por imbécil? Ví lo que estabas haciendo. No estaba gritando pero si parecía muy alterado. Miré a Michael, quien se interpuso entre ambos para evitar una pelea y observé a mi izquierda para ver a Billy bajar de las escaleras con los ojos puestos sobre nosotros. El otro tipo era mucho más pequeño que el sujeto que estaba dándome la espalda. Todo había sido mi culpa. Descuidé durante un segundo el ambiente cálido del gimnasio y había pasado aquello. — Muchachos, antes vamos a calmarnos — interfirió Michael con voz autoritaria. Observé los guantes de boxeo colgar de las manos del sujeto que estaba a mi lado hasta que me puse a su lado. Me fijé en el tatuaje que llevaba en su cuello, era una rosa roja que resaltaba su piel. Llevaba la mandíbula endurecida, al igual que a lo largo de sus brazos desnudos, habían lunares dispersos en su rostro, tenía una nariz que encajaba con las facciones de su piel que estaba perlada de sudor, tenía ojos entre grises y azules que se veían muy intimidantes pese a que ni siquiera me habían mirado porque en este momento estaba asesinando con la mirada al sujeto de mediana edad que estaba frente a él con una expresión de temor en su rostro. — ¿Qué está pasando, Michael? ¿Por qué tanto alboroto? — preguntó Billy alzando la voz por encima de la música y acercándose a nosotros para luego echar un vistazo a su alrededor —. ¿Dónde diablos está Edward? — Ha sido mi culpa — intervine ganándome la atención de todos —. Edward salió a… — No, tu horario aquí ha terminado, Eva — sacudió la cabeza luego de echar un vistazo al reloj de la pared. — Pero… — Arreglaremos eso luego — me hizo un ademán y me quedé en silencio sintiéndome realmente culpable porque no solo que había sido mi culpa sino que sabía que luego Billy iba a regañar a Edward por mí —. Pregunté qué había sucedido. — Señor… — ¿Qué haces todavía aquí, Nicholas? Tu entrenamiento ya terminó — le cuestionó Billy al sujeto que iba a mi lado. — Sí, así es. — ¿Entonces? — Iba de camino a las duchas pero este jodido idiota — señaló al sujeto que aparentaba tener mi edad —, estaba grabando el culo de una de tus entrenadoras y ahora se rehúsa a borrar el maldito video. — E-eso no es cierto. Avergonzada, sentí como la ira brotaba desde el interior de mi cuerpo y abrí la boca indignada. — Muéstrame — exigí casi de inmediato. — Juro que no tengo nada que mostrar. — Estoy demasiado tranquilo — murmuró a mi lado con voz ronca el tal Nicholas mientras se acercaba a aquel sujeto que desconocía por completo su nombre —. No quieres verme enojado maldito hijo de puta. — ¡Nicholas! — exclamó Billy. En el momento en que Michael se descuidó, ocurrió todo en cámara lenta y por impulso, en el momento en que Billy buscó apartar a Nicholas para llevárselo lejos de aquí, aquel depravado levantó su puño y no tuve mejor idea que ponerme delante de Nicholas. Lo siguiente que sentí fue un fuerte ardor en mi pómulo mientras alguien me sujetaba por atrás y Nicholas no dudó en acercarse para golpearlo pero estaba demasiado mareada como para quedarme a ver lo que pasaba. Debí saber que Nicholas era sinónimo de problemas en cuanto lo conocí.
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