Capítulo 2: "Mala idea"

2185 Words
— ¡Esto no puede volver a suceder porque la próxima vez juro que voy a despedirte! ¡Es una locura! — oí la voz furiosa de Billy afuera del consultorio y cerré los ojos por el dolor que sentía en mi pómulo derecho —. Te juro por Emily que es lo más preciado que tengo en esta vida, que es la última oportunidad, Edward. Sino será mejor que vayas despidiéndote del gimnasio. Normalmente, era muy extraño ver a alguien como Billy enojado de la forma en que lo estaba en aquel momento. Billy era un hombre con principios, muy correcto, aunque también muy frío y probablemente pese a que era el dueño del gimnasio, también era como un padre para todos nosotros. A sus sesenta y tres años, debía aceptar que habían cosas que estaban totalmente fuera de su control. — Vale, creo que ya está — murmuró la doctora y aún con la bolsa de hielo en la zona afectada, me bajé de la camilla para caminar hasta su escritorio donde ella escribía un par de recomendaciones y medicamentos para reducir la hinchazón y calmar el dolor —. Toma el calmante por cuatro días y si el dolor continúa o la hinchazón se pone peor, no dudes en volver a verme. Te dejé mi número en caso de emergencia. — Genial — asentí esbozando una sonrisa mientras sostenía la bolsa con hielos en mi cara. Cogí el papel y ella me acompañó hasta la puerta —. Gracias, doctora. Leí que me aconsejaban hacer reposo pero antes de salir, doblé el papel para guardarlo en el bolso. Del otro lado, al abrir la puerta, había un paciente esperando para ser atendido así que antes de que la doctora tuviera la oportunidad de hablar con Ed o Billy, me apresuré a caminar hasta ellos quienes estaban siendo regañados por una enfermera. Me acerqué a ambos y cogí el brazo de Ed para llamar su atención. — Gracias al cielo estás bien — el rubio no tardó en estrecharme entre sus fuertes brazos siendo cuidadoso y me crucé con la severa mirada de Billy pero tan pronto como hicimos contacto visual, su mirada se suavizó enseguida. — Billy, yo… — Lo que hiciste fue demasiado estúpido, Evangeline — me interrumpió cuando me alejé de Ed para excusarlo e intentar defender a mi amigo. Me observó con el ceño fruncido —. Pero me alegra que estés bien. Tal vez deba entrenarte y puedas dar clases de defensa personal. — No es mala idea — dijo Edward con una sonrisa que desapareció ante la mirada enojada de Billy. — Aún así, estoy enojado con ambos. Así que no bromeen conmigo. Su celular comenzó a sonar y supuse que se trataba de Emily llamando para ver cómo me encontraba. Billy se alejó para hablar, así que Edward y yo fuimos salvados por la campana una vez más. — ¿Cómo pudiste ser tan inconsciente? — preguntó mi amigo cuando nos quedamos solos mientras seguíamos a Billy hacia la salida. — Lo siento, te juro por Jennifer que fueron cinco segundos en el que estaba usando la caminadora y sucedió todo tan rápido — expliqué ignorando sus ojos que me observaban con cierto enojo —. Lamento que Billy te haya regañado por mi culpa. — No me importa perder mi puesto en el gimnasio, Eva — sacudió la cabeza y creí que hablaba de ello pero noté la preocupación en su mirada turquesa —. Tienes que lidiar con idiotas no solo en el bar sino también en el gimnasio. ¡Es una mierda! — Nunca supe que estaba grabando hasta que aquel sujeto salió a defenderme. Recordé al alumno de Billy, supuse que tomaba clases con él porque llevaba los guantes de boxeo con él. — Menos mal que alcanzó a darle su merecido, yo no lo hubiera dejado vivo — rodé los ojos aunque entendí la rabia que sentía porque yo también lo hacía. — ¿Qué pasó con él? — Billy lo denunció por acoso con la policía, el vídeo ya está eliminado y le prohibió la entrada el gimnasio. — Final feliz, supongo. — Llegué justo a tiempo para ver a aquel imbécil con el rostro lleno de sangre — alzó el móvil y me enseñó una fotografía del grupo de w******p que teníamos del gimnasio y efectivamente llevaba la cara ensangrentada. Había dos oficiales de la policía junto a él mientras llevaba una bolsa de hielo en la nariz y a sus metros de brazos cruzados estaba aquel chico que me había defendido. — ¿Quién es él? — pregunté y señalé al alumno de Billy. El rubio abrió la boca para hablar, sin embargo, ambos oímos la voz de Billy desde la entrada principal haciéndonos sobresaltar. — ¿Qué están esperando? — preguntó con poca paciencia a juzgar por el tono de su voz —. ¿Quieren una alfombra roja para salir o qué mierda? — Vamos antes de que cambie de opinión y nos deje aquí — murmuró Ed al mismo tiempo en que cogió mi brazo para seguir a Billy, quien se quejó todo el camino en el estacionamiento mientras nos dirigimos a su camioneta. (...) — ¿Es que a quien se le ocurre semejante estupidez como interponerse en medio de una discusión? Jennifer apareció con una toalla alrededor de su cuerpo bronceado y las gotas de agua se deslizaban por su piel mientras se sacaba la toalla de la cabeza y comenzaba a poner crema de peinar en su cabello mojado sin dejar de mirarme. — Solo a mí. Me detuve frente al espejo y observé el hematoma que se había formado en mi pómulo en donde había un pequeño corte. Aún me dolía pero ya no tanto como horas atrás, los medicamentos estaban haciendo su trabajo. — Cuando me enteré que habían golpeado a alguien, de inmediato tuve la sensación de que eras tú. Observé mi reflejo. Llevaba mi cabello rojizo amarrado en una coleta desordenada con algunos mechones que caían a los costados de mi rostro y mis ojos estaban hinchados de tanto dormir, hasta que escuché que Jenn había llegado de la universidad y ahora estaba preparándose para ir al gimnasio. — Muy graciosa pero es la primera vez. — Sí y espero que sea la última, Eva — comenzó a vestirse delante de mí como si no tuviera su propia habitación y me recosté sobre la cama para mirar al techo blanco —. No sé lo que te haya recomendado el médico pero no deberías ir a trabajar al bar este fin de semana. — Debemos pagar el alquiler el próximo lunes. No puedo faltar, además, hay muchos turistas así que es evidente que habrá muy buena propina. — Eres una cabezota, no sé porqué desperdicio mi tiempo intentando convencerte de que te quedes — me arrojó la toalla en la cabeza y me la quité enseguida para incorporarme. Llevaba un top deportivo verde lima y una calza del mismo color que resaltan el color de su piel mientras se calzaba unas zapatillas blancas. Tenía un cuerpo voluptuoso y muy bien definido gracias al gimnasio, Jennifer era hermosa y siempre atraía miradas a dónde fuera —. Mierda, Eva. Te acosaron para luego golpearte provocando que pierdas la conciencia, no puedes minimizar lo que ocurrió. No va a ocurrir nada si faltas un fin de semana, tenemos dinero suficiente para pagar el alquiler y estoy segura que Max será el primero en entenderlo. — Sabes que no puedo quedarme quieta ni un solo segundo — me quejé y ella se acercó para coger la toalla. — Lo sé pero tampoco puedes ir a trabajar en ese estado — acortó la distancia entre ambas y tomé asiento en la cama para despedirme. Ella me abrazó y pude oler el aroma de la crema de sandía, su cabello mojado me hizo cosquillas —. Te quiero. No va a pasar nada si decides quedarte, lo sabes, ¿verdad? Asentí con la cabeza y sonreí. — Lo sé, yo también te quiero. Nos vemos más tarde. No supe en qué instante me había quedado dormida hasta que oí el zumbido de mi móvil encima de la mesa de noche indicando la llegada de nuevos mensajes. Cuando desperté tenía mensajes del grupo de w******p del gimnasio. Eran Emily, Billy y Edward preguntando por mí. Encendí la lámpara ya que todo estaba oscuro y en cuanto me asomé a la ventana, comprobé que era de noche y la ciudad se encontraba iluminada. Eché un vistazo a mi reflejo en el espejo cuando pasé a beber agua de la refrigeradora y me percaté de que no estaba tan hinchado como tiempo atrás, sin embargo, si me tocaba la zona afectada aún me dolía un poco pero me sentía bien como para ir a trabajar. Aún había algo de tiempo para prepararme y que Jennifer regresara a casa. Así que tras darme una ducha, planchar mi cabello, ponerme el uniforme que consistía en una camisa blanca, un pantalón sastrero n***o que se ajustaba a mis piernas y unos tacones no muy altos del mismo color. Amarré mi cabello en una coleta tras maquillarme para ocultar el hematoma y luego de colgar el bolso en mi hombro, me apresuré para coger el elevador y en cuanto salí, visualicé al Uber en la entrada del edificio. No era muy lejos pero las calles estaban transitadas y además, llegaría tarde si iba caminando. Luego de pagarle al chófer, me bajé y entré al lugar por la puerta trasera. La gente había comenzado a llegar y apenas el bar había abierto sus puertas. — Hey — oí la voz de Max en cuanto rodeé la barra y me sonrió ampliamente —. Me enteré de lo que pasó y creo que no leíste mi mensaje. Suspiré. De hecho, si lo había leído de camino aquí pero decidí no abrir el mensaje. Ya era tarde y me sentía lo suficientemente bien para venir a trabajar. Extraje el móvil y fingir leer el mensaje rápidamente. — Tarde — alcé el móvil. Max sonrió y sacudió la cabeza. Al igual que yo, llevaba una camisa arremangada casi a la altura de los codos y un pantalón de vestir n***o. Ambos somos de la misma edad y es el hijo del dueño pero es quien llevaba la administración y orden en el lugar, para mí es Max el dueño porque su padre ya era alguien mayor como para continuar atendiendo. — ¿Y cómo es que te enteraste? — alcé una ceja mientras comenzaba a acomodar las copas que él secaba. — Las noticias vuelan rápido. — Mmm, ya me imagino — solté una risa sabiendo que había estado hablando con Jennifer y había sido ella la encargada de contarle a Max lo sucedido. Max estaba enamorado de Jennifer desde que tenía uso de razón pero mi mejor amiga iba y venía siempre con el mismo imbécil; Luke. Hacía dos años estaban en la misma situación y odiaba a Luke por hacer a Jennifer cada día más miserable aunque también me fastidiaba que Jennifer no se diera cuenta de que había hombres mejores como Max esperando por ella y amarla como se merecía. En fin, eran sus vidas y había decidido guardarme mis propios consejos porque al final del día Jennifer hacía lo que se le diera la gana y mis consejos eran en vano. — Sabes lo que opino de ello pero pues, cada quien con sus cosas, ¿no? — Correcto — asintió con la cabeza mirándome levemente. Llevaba su cabello corto peinado hacia arriba, tenía barba, una mandíbula perfecta, sus ojos avellana se achinaban al sonreír y era un buen chico. Además, estaba buenísimo y Jennifer estaba perdiéndose de todo eso ahora mismo —. Vas a quedarte aquí está noche así te mantengo vigilada y vas a irte cuando te lo ordene. Solté un bufido. — No puedes hacer eso. — Sí y tú tampoco puedes venir a trabajar en ese estado, Eva. Así que no me discutas. — Vale — rodé los ojos y enseguida se marchó para darle indicaciones a mis compañeros que iban y venían limpiando mesas, guiando personas y sirviendo comidas. Siempre que me tocaba ir detrás de la barra me aburría por completo. — Hay un problema — me sobresalté al sentir la voz de Max detrás de mí. — ¿Qué sucede? — Es Nicole. Nicole era la cantante que solía venir cada viernes a cantar mientras los clientes cenaban. El lugar era elegante, normalmente venían personas de mucho dinero e incluso habíamos tenido la fortuna de atender artistas famosos. Alguna vez me tocó atender la mesa de Brad Pitt y si era igual o más sexy que en las películas, además, era alguien muy agradable. — ¿Qué hay con ella? — Está enferma. Ella no puede forzar la voz y recordé que también cantas, así que, pensé que tal vez podrías reemplazarla. Mi corazón se detuvo. ¿Había escuchado bien?
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