4.Tu deseo parece simple

2239 Words
Esta noche descubrí que tal vez eres el dulce en mis labios que debí rechazar Un fuego se había instalado entre nosotros, desconocido para mí. Sus ojos azules como el hielo se posaron en mis labios un segundo. Suficiente para provocar un leve ardor en ellos. Inconscientemente me mordí los labios, a lo que él respondió con una sonrisa pecaminosa. Su mirada se sostuvo en la mía y con una voz vibrante pero ronca susurró: —Cuéntame, Tiana, ¿qué debo hacer como tu novio? O acaso tengo carta abierta para hacer lo que yo desee. Aunque sus palabras debieron ser una simple petición, daban la misma sensación de que estaba firmando un contrato con el mismo Lucifer. Ese que te da todo lo que quieras, pero reclama tu alma al final. ¿Tan desesperada estaba que estaba dispuesta a entregar mi alma? Sí. De manera cortante y fría pensé para mí misma. No me importaba hacer lo que tuviera que hacer para no demostrarle a ese hombre infiel que lo superé. —Sí, pero solo cuando estemos cerca de mi ex. Haremos lo típico de tomarnos de las manos y besarnos si es necesario. Quiero que parezcamos una pareja muy enamorada. Sus labios se curvaron en una media luna. Cruzando sus brazos, llevó su mano derecha a su barbilla donde la sostuvo con su dedo pulgar y su índice. —Interesante —murmuró con voz enronquecida por un deseo oculto. Sus ojos se oscurecieron a tal punto que parecieron tornarse azabache. El ambiente a su alrededor transmitía la sensación de que se había convertido en un lobo hambriento y yo en una simple presa. Inconscientemente intenté tragar una piedra invisible en mi garganta, dejando escapar una ligera y temerosa sonrisa. —Tendremos que hacerlo por unos seis meses… si no puedes hacerlo… lo entenderé. Con elegancia negó con la cabeza con detenimiento. La sensación de ser atrapada crecía más. Esa misma forma en que me habían tendido una trampa y ciegamente caí en ella. —Tiana, tu deseo parece simple —llevó su dedo a su labio como si imitara la señal del silencio, golpeando suavemente sus labios—, pero ¿qué tan lejos estás dispuesta a llegar para sostener esta mentira? Y entonces… en esas simples palabras abrió un enorme abanico de posibilidades. Me arrastraría si fuese necesario para mantener mi dignidad ante él. No permitiría que ninguno de esos dos se burlara de mí. Buscaría una manera de vengarme, de demostrarle que como mujer era mil veces mejor… pero mientras planeaba mi venganza… solo lograría que se retorcieran de que su pequeño acto de infidelidad no valía nada. —A lo que sea, Max —mis labios temblaban al hablar—, estoy dispuesta a que ellos sufran. —Jo… no pidas cosas que yo puedo cumplir, Tiana —sus ojos brillaron divertidos—. ¿Quieres que lo haga sufrir? Puedo hacerle… desear morirse si me dejas divertirme con ellos. —¡Max! —dejé escapar un leve chillido—, no quiero que te metas en problemas —mis hombros bajaron y mis ojos se posaron en la servilleta de papel que acaricié con detenimiento—. Esta es la razón por la que no le he dicho a mi padre o a mis hermanos… conociéndolos, irían a golpearlo o algo… así que tú vas a guardar el secreto y te vas a comportar, ¿entiendes? Lo miré con firmeza, algo que provocó que exhalara lentamente y, tras esto, se acomodó en la silla soltando sus manos cruzadas. —De acuerdo, solo porque me lo pides tú, Tiana… —su voz era ronca y áspera, pero sus ojos disparaban ese aire imponente de que su palabra podría hacerse realidad—, porque por ti puedo quemar todo el planeta y no sentir ni el más mínimo arrepentimiento. Estuve a punto de abrir la boca cuando el sonido de unos zapatos interrumpió la extraña atmósfera que se había formado entre nosotros. Levanté mi rostro notando a Vladimir Makarov, mi padrino. Era muy parecido a Max, pero la diferencia eran algunas pequeñas líneas grises que se asomaban en su cabello. Tenía un aire calmado, ligeramente calculador, pero siempre un ángel conmigo. —Mira quién está aquí y no me saluda. —Padrino —levantándome de la mesa, lo abracé. Él y mi madre habían sido muy cercanos. No sabía toda la historia, pero según mi madre él fue casi un padre para mi hermana Chloe. Para mis hermanos y para mí era como un genio de la lámpara. Mi familia y la de Max era tan unidos que casi significábamos ser una sola familia… por eso… nunca quise ver a Max como algo más, solo como un hermano. —¿Qué te dejó tan ocupada para no saludarme? —sus ojos pasaron de nosotros a la puerta que Paulo había dejado y luego se posaron en su hijo—. ¿Qué pasó con su amigo? —Se fue, padre —Max respondió algo molesto—, solo me quedé para hacerle compañía a Tiana —sus ojos se posaron en él. —Ya veo, imagino que ya terminaron su cena —Vladimir, en un tono casi imperceptible, parecía marcar un territorio invisible—. Vamos, Tiana, te llevaré a la casa de tus padres. Es un poco tarde para que una chica tan joven esté sola. Dejé escapar una leve sonrisa tímida, negando con la cabeza. —No tienes que llevarme a la casa de mis padres, padrino, estoy quedándome con Chloe. —¿Con Chloe? —levantó una de sus cejas con curiosidad—. ¿Y eso? —Es que… bueno… está más cerca de la universidad y sería un respiro de mis hermanos. Ya sabes, padrino… cuatro hombres, incluyendo a mi padre, con su testosterona hacen que me salgan arrugas. Rió ligeramente y tras esto asintió. —Ya veo, tranquila, pequeña —acarició con ternura paternal mi cabello. —Bien, Tiana —Max se levantó de manera imponente dejando cien dólares en la mesa—. Vamos, te llevaré a casa de Chloe. En ese momento todo se tornó espeso entre las miradas de padre e hijo. Hubo una pelea silenciosa donde ambos estaban en guerra sin palabras. —No, yo llevaré a Tiana, vamos, princesa, yo te llevo. Asentí, siendo guiada por mi padrino hacia su auto. Detrás de nosotros siguió Max con la excusa de que no quería perderse la conversación. En el auto pareció que la tensión del restaurante desapareció. Entre conversaciones fortuitas mencionaron si quería ir esa semana con ellos al campo de tiro… pues sí… eso era lo que mis hermanos, mi padre y ellos hacían cada dos semanas para “relajarse”. La familia Makarov parecía sacada de una película de acción, donde eran tan ricos que con respirar ya habían ganado miles de dólares. Trajes a la medida, marcas de lujo, un aire que parecía detenerse a su alrededor… y una fascinación casi enfermiza por las armas. Mi padre y mis hermanos aprendieron a disparar gracias a ellos y solo lo tomaban por diversión. Intenté desviar la conversación comentando que pronto entraría a una competencia de repostería donde, irónicamente, tendría que viajar a Francia. Según mi padrino, esa era la misma competencia donde compitieron mis padres —ambos son pasteleros reconocidos mundialmente. Al llegar a la casa de Chloe, todos bajamos y entramos a la casa cuando ella nos dejó pasar. —¡Tío Vladi! —Chloe lo saludó abrazándolo—. Si hubiera sabido que venías, le habría pedido a mi madre que te hiciera algo de comer. —No tienes que hacer eso, Chloe, solo vine a traer a Tiana —con su mirada recorría la sala con detenimiento—. ¿Sabe tu padre que estás trayendo hombres aquí, señorita? La risa pícara de mi hermana mayor era suficiente para desarmar a cualquiera, excepto a los Makarov. —Tío, prométeme que no le dirás a papá. Maxi —se acercó a él para picarle la costilla—, ¿no se supone que debías estar en Rusia? Mis hermanos no paraban de hablar de ti cuando fui a visitarlos hoy. —Se suponía —respondió con voz ronca y tras unos momentos me miró con fiereza—, pero me quedaré en Illinois por unos meses, ya sabes, en Rusia está haciendo frío, así que disfrutaré un poco más aquí antes de irme. Hubo algo extraño entre nosotros donde mi cuerpo pareció reaccionar a sus palabras. Un hilo invisible donde él podía controlar mi cuerpo a su mero placer, el cual apagué. Él era simplemente un amigo, nada más. Punto. Desvié la mirada y tras esto lo escuché reírse con ligereza. —Ah, ya veo, ¿quieren quedarse a comer? —apuntó con su cabeza a la cocina—. Ordené pizza. —No, gracias Chloe, ya tengo que irme —mi padrino respondió con calma—. Nos veremos después y espero que tu lección mejore. Chloe se acercó para darle un abrazo de despedida, algo que también hice. Él bajó su rostro ligeramente susurrando: —Recuerda que puedes contarle a tu padrino lo que sea, no hagas nada precipitado, ¿de acuerdo? Sin comprender por qué dijo eso, solo asentí con ligereza. Miré a Max para despedirme, pero este colocó sus manos en sus bolsillos y pude ver un brillo ardiente en su mirada. Esa capaz de calcinar lo que fuera, pero en mí se sintió pasional. Su mirada me recorrió con detenimiento como una caricia invisible, un fuego que parecía retirarme cada prenda de ropa sin siquiera tocarme. Aparté la mirada, mi piel se erizó y mi pulso comenzó a acelerarse. El aire tenso y denso entre nosotros invadió mis pulmones dificultándome respirar. ¿Qué estaba pasando? Nunca había tenido esa sensación envolvente con Maximiliano. Pero en ese momento un cosquilleo eléctrico me hizo vibrar. La fuerza con la que lo provocó nunca la había sentido, ni siquiera con Mike. —Hasta luego, Chloe —dijo con calma—. Nos vemos después, Tiana —la manera en la que arrastró mi nombre provocó un estremecimiento en mi cuerpo—. Estamos en contacto. Con su permiso. Ambos salieron de la casa. Max era ligeramente más alto que su padre, pero ambos debían rondar entre el metro noventa y casi dos metros. Su altura era suficiente para llegar casi al marco de la puerta. Cuando se fueron, por fin pude respirar. Chloe, por otro lado, me lanzó al sofá mostrando esa enorme risa de “cuéntamelo todo”. —Tiana, se supone que tenías una cita con Paulo, ¿cómo terminaste con Max y el tío Vladi? —Es una historia larga —susurré levemente—, pero el resumen es que estaban en el restaurante por casualidad. Chloe agitó levemente la cabeza como si aquello fueran la mejor noticia. —Oye, conociendo lo territorial que es Max contigo, seguramente pateó a Paulo, ¿no? —al notar mi ligera mueca comenzó a reírse—. ¡Lo sabía! Aunque eso significa que necesitaremos buscarte otro novio falso para mañana. Agaché la mirada como si estuviera a punto de decir lo peor del mundo. —Le pedí a Max que fuese mi novio falso. El rostro de Chloe fue todo un deleite. Su boca quedó abierta, incapaz de articular ninguna palabra. —Tiana, ¿estás loca? —aplaudió—. Max mataría por ti, y lo digo real y figurativamente. ¿Recuerdas lo que pasó con el chico que se burlaba de ti en la secundaria? —¿Al que él le rompió la pierna usando la excusa de que accidentalmente no pudo pisar el freno del auto? —Sí, y con el chico en nuestra niñez que te traía flores y con solo ver a Max huyó. Dejé escapar una leve risa. Max siempre había sido protector. La única razón por la que no le hizo nada a Mike fue porque le rogué que le diera una oportunidad. —Lo sé, pero Chloe, estoy desesperada. —Aunque ahora que lo pienso —miró al techo como si reflexionara—, Max es un buen partido. Es muy atractivo, tiene mucho dinero y se nota que es masculino… ¿será cierto que es una bestia en la cama? —¡Chloe! —¿Qué? Fuimos juntos a la secundaria y chica que estaba con él, chica que se obsesionaba con él. —No sé ni me interesa —mordía mis palabras—. Por ahora, solo debemos fingir que somos novios por seis meses y pretender que nada pasó. POV Maximiliano Makarov Me colocaba el cinturón de seguridad mirando la casa de Chloe mientras mi padre encendía su auto comenzando a conducir. Por fin serás mía. La dejaría distraerse un poco, y cuando no pudiera más… la tomaría de tantas maneras que no podría mirar a nadie más. Me suplicaría entre gritos que la declarase mía. «Corre lo que quieras, mi pequeña ratoncita, te atraparé». —Maximiliano, quiero que te alejes de Tiana —su voz sonaba ronca—, tú eres lo peor que ella puede tener, porque sí, sé que hablaron de algo y como tu padre no permitiré que le hagas daño. Levanté mi ceja con detenimiento. Si quería estar con Tiana, tendría que quitar del medio el obstáculo más problemático… mi padre.
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