Eres mi pie de manzana, ese que mi padre me prohibió probar. Dicen que uno puede saber lo que piensa alguien con una mirada. ¿Podía hacerlo yo? No. En la oscuridad de la noche, el rostro de Maximiliano estaba casi en su totalidad oscurecido, iluminado solo por una de las luces de la farola de la calle. Tragaba la piedra invisible de mi garganta sujetando el teléfono con más fuerza. No era ese Maximiliano que podía acabar con todo, era algo más. —Tiana, ¿puedo pasar la noche contigo? Prometo no hacer nada que no quieras. Su voz era sumamente ronca, proveniente desde el otro lado del teléfono. Su mirada azulada competía con la misma intensidad de la noche. Su porte, el de un cazador andante, estaba erguido. Notó mi mirada curiosa, su sonrisa ladeada se curvó de un solo lado, y volvió a h

