Mariam se ve algo frustrada, pero ignorando su propia frustración se dirige a mí. — Vamos, hay que llevarlo a su habitación — dice, ambas nos encargamos del presidente. Subimos a sus aposentos y lo ponemos cómodo en su cama. — Escucha, él deberá permanecer el resto del día en cama, Encargate además de que beba tu sangre de algún modo — dice — Ya dije que NO — replica mi jefe con los ojos cerrados, desde su cama. — Presidente — replico — Killian — reprende Mariam, el presidente se ve pálido y cubre medio rostro con uno de sus brazos, mientras nos observa — ¿No es esto tratar a los humanos, como iguales? — añade Mariam — Si usted se apega demasiado a un humano, dejará de tener sexo con alguien más y por supuesto también dejaras de beber la sangre de alguien más, si por supuesto te v

