¿Me ayudarás o no?
Llegaba el fin de semana y con él las tareas fastidiosas del hogar, con el canto del gallo me levanté para ir directo al baño deseando que estuviese libre. En mi casa vivíamos mi papa, mi mamá, mi hermano y mi hermana— O sea cinco personas incluyéndome— Y únicamente había un baño. ¿Comprenden el asunto? Ir al baño era una tarea agotadora y para vencer necesitaba suerte.
Como para demostrar mi palabra cuando llegué al baño y toqué la puerta mi hermana Daniela gritó un “ya salgo”. Aquello significaba que iba a tener que esperar como una hora y me estaba orinando. Gruñí cargada de impotencia mientras me cruzaba de brazos en el pasillo. Mi plan debía empezar, no podía esperar. Tenía que huir de aquel pueblo.
Obviaré la parte de la “orinada”, sacar leche de Vicky, ayudar con el desayuno, barrer la sala y todo lo demás. De todas formas este cuaderno de planificación no fue comprado para eso, así que vamos con los que realmente importa. Tenía una idea.
Con suerte Andros y yo podíamos ejecutar el plan al día siguiente sin ningún inconveniente. Así que se haría básicamente esto:
Yo llevaría a Toby a la finca de Don Terry—Que era un señor que se la pasaba de viaje y dejaba su finca sin vigilantes, además lo conocía y seguramente no se molestaría porque invadiera su propiedad— Mientras que Andros iba con el padre de Tob y le decía que un grupo de hombres se habían llevado a su compañero y le habían pedido una gran suma de dinero por devolverlo a salvo.
¿Qué tal? ¿Sonaba bien? La verdad ni siquiera planifiqué bien las cosas solo deseaba irme de aquel lugar lo antes posible y ustedes pensarán “Aja pero un pasaje no es tan caro”, y sí un pasaje no era tan caro, pero ¿Dónde me iba a quedar? ¿De qué iba a vivir? Ahí venía la parte del dinero. No me siento mal por quitarle un poquito de capital al Sr. Scoty porque aquel hombre disponía de una fortuna.
Después de tener mi plan en mente salí de mi casa dispuesta a buscar a Andros y contarles mis ideas, el gordito no vivía muy lejos así que no me costó mucho llegar.
Toqué la puerta dos veces y esperé.
— ¿Quién es?— Preguntó después de dos largos minutos el aludido.
—María.
—¿Qué quieres?
—Podrías abrir la puerta por favor— Me quejé.
—Voy.
Andros asomó su cabeza rechoncha por la puerta, miró hacia todos lados y rodó los ojos.
—Pasa— murmuró con desgana. Era más que obvio que no era bien recibida, pero no me importaba.
—¿No están tus padres?— Inquirí estudiando la morada, suponía que no por los rumores que había escuchado.
—Mis padres nunca están. Siéntate— añadió señalando el mueble marrón que estaba en el centro de la pequeña sala.
—Gracias.
Andros se sentó a mi lado y me observó con aquellos negros ojos como la noche. Mi cómplice tenía una boca abundante—Y digo abundante porque si digo carnosa pensarán que lo estaba viendo de modo colegial con hormonas alborotadas— parecía como si todo el tiempo estuviese lanzando un beso lo cual era divertido.
—Bueno ¿Cuál es el plan?— preguntó.
Le conté mi idea a un expectante Andros que asintió varias veces.
—Creo que es peligroso— concluyó el.
—¿Te vas a echar para atrás?
—No, solo pienso que es un plan algo tonto.
—Bueno dame una idea mejor.
—Podríamos pedirle prestado el dinero al Sr. Scoty, he escuchado que es una buena persona.
—Y yo he escuchado que es un tacaño— repliqué burlona.
—O pídele ayuda a Toby.
—Puaj jamás.
—¿Por qué no?
—¿Cómo que por qué no?— pregunté alterada levantándome— No quiero meterlo en esto.
—Por Dios María estamos hablando de secuestrarlo.
Caminé de un lado a otro en la sala ¿Por qué me ponía así? No quería que Toby supiera que estaba desesperada, no él.
—¿Me ayudarás o no?
—Sí—afirmó rascándose la cabeza—. Te dije que iba a ayudarte.
—Confío en ti— dije mientras ponía una mano en su hombro y sonreía. —Es hora de que le demos una vuelta a la finca de don Terry.
Cuando llegamos a la finca supe que era el lugar idóneo para mi plan, estaba solo, no había ni un alma en aquella extensión de tierra y mucho menos en su epicentro— En este caso sería la finca como tal—por ese lado estábamos bien. El asunto era que Andros y yo no nos poníamos de acuerdo en el día del s*******o, él quería hacerlo el lunes, yo el domingo y bueno era un toma y dame.
—Por eso la gente no te soporta— dijo cuándo le había dicho por décima vez que debíamos actuar el domingo.
—¿Perdón?— chillé iracunda ¿Nadie me soportaba? ¿Quién demonios no me soportaba?
—Lo que escuchaste.
—¿Qué puedes decir tú? Señor me siento alejado de todas y de todos.
—Es distinto, a mí me rechazan porque soy gordo a ti porque actúas como estúpida.
Ok, aquello era el colmo.
—¿Sabes qué? haré mi s*******o sola, puedes volver por donde viniste.
—Ok. Cuando me necesites ya sabes dónde buscarme— dijo antes de marcharse y dejarme sola en aquel lugar.
Andros estaba demostrando que podía sacar a la luz en solo segundos lo peor de mí, él y su cuerpo relleno eran detestables, aun así reconocía que lo necesitaba. Después de todo ya me había hecho la idea de tener un ayudante así que pisé mi orgullo y corrí tras él.
—Andros— grité tratando de alcanzarlo— Espera.
Cuando dije que el gordito caminaba lento no mentía, la verdad es que no tuve que correr mucho para alcanzarlo.
—Retráctate de decirme estúpida— reclamé cuando estuve a su lado.
—Dije que actuabas no que eras— Me dejó en las mismas, pero preferí tomarme aquello como un “Lo siento”.
—Bueno, está bien. Te perdono— Él rodo los ojos y me dedicó una sonrisa— Llevaremos a cabo nuestro s*******o el lunes— Yo quería hacerlo cuanto antes, pero un día más un día menos. ¿Amigos?— pregunté extendiendo el brazo.
—Amigos— susurró tomando mi mano y estrechándola. Era irónico que en tan poco tiempo hubiese hecho mi primer amigo.
Estaba contenta de que fuese Andros.