Ahora

1643 Words
Tres años después. - FRANK - grito con fuerza, sintiendo que mi garganta se desgarra, el sonido de la explosión volviendo a mis oídos una y otra vez, no puedo encontrarlo, hay demasiado ruido y no veo nada. - Nath, Nath...tranquila - abro los ojos, sin poder respirar correctamente, frente a mi hay dos pares de ojos verdes, en lugar de tranquilizarme, me pongo a llorar. - Frank... - susurro, dolida al darme cuenta de que sólo ha sido otra pesadilla. - Nathasha - insiste mi madre, desde hace una semana, cuando encontraron por fin los restos de Frank, ha estado conmigo en casa y ayudado a sobrevivir a través del estupor que me llenaba. - Son sólo restos - había dicho el forense - pero son definitivamente de él. Desde que esas palabras salieron de su boca, no he servido demasiado, la idea de que él muriera... - Nath, asustas a Anya - insiste mamá con delicadeza, lo que me hace reaccionar, mi pequeña hija, fruto de mi amor con mi grandulón me mira con ojos tristes y aferrada su abuela. Había tenido a Anya siete meses después del accidente, la había llamada Anastacia en honor a la abuela de Frank, el hombre una vez mencionó que de tener una niña otra vez, la nombraría de esa forma. Mi nenita tenía dos años y seis meses, cabello n***o y rizado, con ojos verdes inundados de lágrimas, había olvidado que dormía con ella esta noche, las pesadillas solían irse cuando estaba con mis niños. - Ven aquí - digo sintiendo como mi corazón se hunde, he estado siendo una madre horrible últimamente. Mi nena salta a mis brazos, y la arrullo lentamente, mi madre suspira luciendo cansada, la miro con curiosidad al notar que tiene ropas de salir - ¿Te vas? - Acabo de volver - explica, casi como si dudara sobre responderme, pero lo hace - fui a buscar y comprar algo de medicina para Carrot. - ¿Carrot? - pregunto, alarmada, apartando las sabanas de golpe, mi madre me tranquiliza. - Está bien, sólo se acabaron sus vitaminas y fui a comprar más - dice sonriendo dulcemente, mi madre es una mujer atenta y encantadora, a pesar de los años, su cabello apenas y tenía canas, y era incluso más activa que yo. - ¿Qué hora es? - pregunto notando que las persianas están bajas, pero es evidente que hay luz del sol tras ella. - Cerca de las diez - mira a Anya, quien me abraza con fuerza y juega con mi cabello distraídamente, yo asiento. - Vamos, nena - digo levantando a mi pequeña, quien se ríe cuando mi madre pica su abdomen haciéndole cosquillas, su risa es igual a la de Frank, larga y estridente, aunque ella se retuerce más - vamos a desayunar. - ¿Desayuno? - pregunta con su vocecita infantil. - Sí, preciosa, desayuno - murmuro intentando concentrarme en el día que tenía por delante, luego del accidente de Frank, toda la familia se había mudado a NY y la casa nunca estaba en silencio, lo cual agradecía. Los quintillizos se habían convertido en pequeños hombrecitos, a punto de cumplir doce años, todos eran la viva imagen del otro, cabello naranja que se negaban a cortar (incluso hicieron huelga cuando mi padre amenazó con raparlos al estilo militar) y además de sus personalidades, los ojos eran lo único que los diferenciaba. Marcus y Harold habían dejado el nido hace tiempo, uno gobernaba un país y el otro estudiaba leyes en Harvard, Max se había convertido en toda una mujer. Y mi familia…Habían dejado todo atrás por mí, en cuanto supieron del accidente...estaban frente a mi puerta, incluso la odiosa de mi hermana Hannah había estado alrededor por un par de meses, pero su hogar estaba en Australia. Mis hermanos, Kyle y Henry, habían conseguido excelentes casas cerca, y sus niños merodeaban por la casa a la par que los míos, cuando llego a la cocina, nos encontramos con mi sobrina Lucy y Max hablando sobre chicos, ambas se sonrojan al ver a mi madre tras de mí. - ¿Ustedes dos no deberían estar en la universidad? - se queja ella - en mis tiempos, uno entraba a la universidad y rara vez regresaba a casa - Es verano mamá - le recuerdo, ella mira el calendario luciendo sorprendida. - Adanja, Adanja - grita Anya emocionada al ver a Orange entrar en la cocina, mi hijo me da un sonoro beso en la mejilla antes de hacerle cosquillas a su hermana. - Buenos días, muchacho - se queja mi madre cuando él no saluda. - Buenos días - se queja él en ruso antes de recostarse sobre Max, Lucy quien era otra pelirroja, aunque sin demasiadas pecas, me mira. - Tía Nath, esta noche hay una fiesta de inicio de... - ¿Fiesta? - todos nos giramos al escuchar la voz estridente de Henry, mi hermano mayor seguía actuando igual que un soldado, y tenía un estricto control sobre sus tres hijas, Lucy, la mayor era por mucho la más rebelde. - Sí, una fiesta - apoya Max mirándome, la miro con recelo - ¿podemos ir? - Tú nunca pides permiso para ir a fiestas - digo, las chicas se miran dudosas. - Es en L.A - suelta Orange mirando a Max con diversión, mi chica le da un golpe en la nuca - ¡oye! - ¡No seas metiche! - se queja ella, Henry mira a su hija y yo a la mía. — ¿L.A? — pregunto intentando ocultar mi preocupación, Max era una niña grande, pero yo seguía renuente a dejarla ir a sus anchas, incluso cuando su libertad era mayor desde antes de la...de la muerte de Frank — Maddison... — Veeeenga — dice ella haciendo un puchero — sólo serán dos días, queremos ir de compras. — Está bien, pero irán con Trevor y se quedarán en casa de la tía Edna — sentencio, Henry bufa. — Lucy, ya sabes lo que hablamos — se queja — tu madre... — Me dio permiso — se queja ella — se supone que hablaríamos con la tía Nath. — A mí no me metan — replico, regresando al desayuno — puedo responder por su seguridad y el dinero, pero confío en Max — Gracias, ma — sonríe mi chica. — Maldita sea esa mujer — se queja Henry antes de salir de la cocina, murmurando para si. — ¿Dónde están tus hermanos? — pregunto al darme cuenta del silencio, Orange se había ido y eran más de las diez, esos mocosos nunca estaban quietos tan temprano, por alguna razón solían madrugar incluso más que yo. — Zhevy dijo algo de ir a la pista — responde Daniela entrando a la cocina, otra de mis sobrinas, ella había heredado el cabello rubio de su madre, siendo una de las pocas Hoffman rubias — Dylan y Trevor fueron con ellos. —¿Con el permiso de quién? — pregunto mosqueada, pero me empieza a dar jaqueca y decido ignorarlo. Luego de desayunar y encargarme de mi bebé, regreso a la cama sintiéndome como la mierda, era el único lugar donde me sentía completamente cerca de Frank, las últimas semanas habían sido incluso más dolorosas, y si bien estar con mi familia me distraía del dolor...seguía extrañando a mi grandullón. La forma dulce en que solía despertarme, su manía por consentir cualquier capricho que le mencionara, sus besos. Su aroma se había desvanecido de las sabanas hace mucho tiempo, incluso sus trajes que permanecían intactos, tenían un leve recuerdo de su perfume. — Nath — me riñe mi madre entrando en la habitación, y yo hago una mueca. — No me estoy sintiendo bien, mamá — me quejo, mi cabeza dolía y el cansancio era malditamente algo nuevo, con preocupación, mi madre pone una mano sobre mi frente. — Cariño...ya han pasado tres años — dice con dulzura — el que hayan encontrado... — Yo lo sentía mamá — me quejo, sabía que era estúpido seguir lamentándome, revolcarme en mi propia miseria no es algo a lo que esté acostumbrada, pero el jodido vacío en mi pecho... — aún lo siento, Frank no puede estar muerto. — Hija — dice con firmeza — ya hemos hablado de esto, gastaste una fortuna intentando encontrarlo, te apoyamos desde el principio... — Pero debo dejarlo ir — digo con amargura, tragando con fuerza el nudo en mi garganta, me pongo de pie — lo sé, lo sé...es sólo, no se siente correcto. — Mi niña — dice levantándose y abrazándome, le regreso el abrazo con fuerza — eres fuerte, joven, hermosa y una excelente madre — me asegura — a Francis no le gustaría verte decaída. — Lo sé — digo suspirando — yo solo...intento lidiar con ello, una cosa era no encontrarlo... —Lo sé — dice ella — el que encontraran sus restos nos afectó a todos, pero era algo que esperábamos. — Supongo que sí — admito a regañadientes, sobrevivir a un accidente de esa magnitud...era imposible, pero mi corazón clamaba por él. — Venga, hoy René preparará ese caldo que tanto le gusta a tu hermano — dice ella poniendo los ojos en blanco — Lucy está empeñada en ir a la maldita fiesta. — Son adolescentes mamá — replico sonriendo, los hombres de la familia eran bastante protectores con sus mujeres. — Dile eso a Henry, me va a volver loca, te juro que si lo escucho quejarse una vez más de los universitarios, lo golpeo con el rodillo. Riendo, acompaño a mi madre a la sala, deteniéndome un momento al ver la fotografía en uno de los pasillos, era una fotografía familiar de navidad. Los quintillizos disfrazados de duendes estaban repartidos en los brazos y piernas de Frank, yo estaba junto a él con Max abrazada, Matt y Marcus sonreían ligeramente avergonzados por los gorros de colores que su padre les había obligado a usar, Harold y Viktor hacían caras en cada esquina de la foto, fue tomada el año anterior al accidente. — Te extraño, grandote — murmuro acariciando su rostro en la imagen, antes de seguir hacia la sala, donde mi madre reñía a sus nietos, tenían los pies en los sofás.  
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