Ponta Delgada - Portugal Despierto con el sonido de las gaviotas, el sabor a sal en mis labios y la sensación de mi brazo faltante empieza a ser una molestia. — André — me llama Videl, abriendo la puerta de mi habitación — Es tarde, tenemos un pedido grande ¡arriba hombre! — Ya voy — me quejo rondando en la cama y poniéndome de pie, mis piernas ya no dolían, pero trabajar con un solo brazo le daba serios problemas a mi espalda — ¿Hay desayuno? — grito tomando una toalla y dirigiéndome al baño. — Te lo dije — responde Videl riendo — es tarde, conoces las reglas. — Maldición — murmuro tomando una ducha rápida, lavando sólo lo importante y dándome una leve mirada al espejo sólo para descartar el afeitarme. — ¡André! — maldiciendo me pongo un par de pantalones y una playera, antes de sal

