Sus hombres revisaron todo el lugar minuciosamente, ese hombre estaba actuando solo, ¿Qué lo había llevado a hacer tal estupidez?
Era muy valiente o muy estúpido al quitarle su tesoro a Raphael, como el nombró a Anastasia.
Lo hizo sentar en una silla, uno de sus hombres lo sujetaba del cuello, haciendo que no bajará la cara.
Luca se sentó delante de él, la mirada del hombre era desafiante, pero pronto se la quitaría, nadie que lo conocía lo había visto así.
Luca le dirigió una mirada fría, mirando al hombre de arriba a bajo, su ropa era la de un pordiosero.
—No has contestado a mi pregunta —vio el titubeó del hombre —¿Quién eres y por qué te llevaste a Anastasia?
El hombre desconocido, con una mirada misteriosa y una sonrisa enigmática, se quedó en silencio por unos momentos.
Luego, lentamente comenzó a hablar, con desafío.
—No te voy a contestar —Luca soltó una pequeña carcajada, como que no iba a contestar.
Se puso de pie y en su solo paso llegó hasta el hombre, que tomó del cuello apretando con fuerza. Con una voz severa, Luca le susurró al oído.
—Piensa con cuidado las palabras que eliges, amigo —la tensión en el aire era palpable mientras el hombre luchaba por respirar bajo el agarre de Luca.
Sin soltarlo, Luca lo empujó hacia atrás hasta que el callo al suelo, enseguida el hombre sintió el frío de una daga sobre su cuello.
El rostro del hombre se puso pálido mientras veía el destello metálico.
—¿Tienes alguna idea con quién estás tratando? —preguntó Luca en un tono que indicaba que no tenía mucha paciencia —son el dueño de está ciudad, el jefe de la gran familia italianas, cuando yo hago una pregunta todos me responden.
El hombre no mostró ni una pizca de miedo, al contrario su mirada era una sonrisa hilarante.
—Sé quien eres —contesto —y no me causa miedo, he visto lo que hombres como tú le hacen a otros…
Soltó un poco su daga, tenía que reconocer que ese hombre tenía agallas no titubeaba, ni sus ojos reflejaban asombro o algo de miedo frente a la muerte.
—Si lo sabes, ¿por qué no hablas de una vez? —insistió Luca, con una expresión de desesperación y coraje en su rostro.
El hombre se tomó un momento para reunir su coraje antes de responder. Miró fijamente a Luca y finalmente habló con voz pausada pero decidida.
—Fui un jardinero en la casa de Raphael Rizzuto —dijo el hombre, haciendo una pausa para que sus palabras se asentaran en la habitación.
Luca arqueó una ceja, sorprendido por la revelación. No esperaba oír eso, pensó que fuera parte de alguna otra organización y se hubiera llevado a Anastasia para entregarla a su jefe.
—¿Por qué llevarías a la esposa de tu ex jefe? —preguntó Luca, cauteloso.
El hombre suspiró mientras miraba al suelo, como si estuviera recordando algo doloroso.
—Me enamoré de la señora Rizzuto —sus palabras lo llenaron de irá, ese infeliz sentía algo por su mujer —ella nunca lo ha sabido —contestó al ver de nuevo el filo brilloso de la daga.
—Esa es la razón para que sacarás a mi mujer del hospital…—el jardinero negó con la cabeza.
—Rizzuto mando a la cárcel a mi padre, para cubrir su crimen, quiero presionarlo para que él se entregue —comenzó a reír, la verdad ese hombre era un estúpido, Raphael nunca pisaría la carcel, habría fingido aceptar las condiciones, hasta prometido todo, dado su palabra, solo para tener a Anastasia a su lado.
Cuando eso hubiera sucedido este imbécil y su padre tendrían una bala en la cabeza.
—¿Que crimen cometió?
—Acusaron a mi padre de la muerte de una mujer que era amante de Raphael —no le sorprendió, era algo común con Rizzuto, cuando algo no le era útil lo desechaba como basura, y si le estorbaba lo quitaba del camino.
—La familia de la mujer es de dinero, quería que el responsable pagará —siguió hablando el jardinero —tenían sospechas de Raphael, pero ese hijo de mierda, desvío todo para hacer parecer culpable a mi padre…
La manera que empleó había sido la más estúpida, pero la más beneficiosa para él. Si ayudaba a este hombre tendría su lealtad, y también conseguiría meter a Raphael a la cárcel, lejos de Anastasia.
—Tenemis algo en común, un deseo profundo por acabar con Raphael, te ayudare si tú me ayudas a mí—se puso de pie —solo necesito reunir algunas pruebas de lo que has dicho para que Raphael sea condenado…
—Yo tengo bastantes, pero ningún abogado o fiscal a querido verlas, solo mencionar el apellido Rizzuto significa intocable…
—Eso se acabó, yo haré que el mejor abogado te asesoré y saque a tu padre de la cárcel —miró el lugar, no era adecuado para Anastasia que seguía dormida —Tony prepara la ambulancia y busca a nuestro médico, voy a sacar a mi Colibrí de este lugar…
—¿Se la va a entregar a ese hombre? —preguntó con incredulidad.
—Claro que no, ella es mía y se quedará conmigo —respondió con determinación mientras tomaba a la mujer entre sus brazos. La sujetó con cuidado, observando su rostro pálido y delicado.
Sus ojos parpadearon entre abriéndose y cerrándose, como si estuviera luchando por despertar.
Él fijo su mirada en ella, intentando percibir alguna señal de reconocimiento en aquellos ojos oscuros y profundos, aunque parecía que se debatía entre la conciencia y la inconsciencia.
La situación había sido difícil desde el principio. Él no esperaba encontrarse con ella en ese estado.
Era consciente de que había perdido la batalla por obtener su corazón, pero eso no significaba que pudiera entregarla a otro sin luchar.
No importaba lo mucho que ella pareciera necesitarlo, él estaba dispuesto a protegerla a toda costa.
—¿Se la va a entregar a ese hombre? —preguntó con incredulidad.
—Claro que no, ella es mía y se quedará conmigo —respondió con determinación mientras tomaba a la mujer entre sus brazos. La sujetó con cuidado, observando su rostro pálido y delicado. Sus ojos parpadearon entre abriéndose y cerrándose, como si estuviera luchando por despertar.
Él fijó su mirada en ella, intentando percibir alguna señal de reconocimiento en aquellos ojos oscuros y profundos, aunque parecía que se debatía entre la conciencia y la inconsciencia.
La situación había sido difícil desde el principio.
Era consciente de que había perdido la batalla por obtener su corazón, pero eso no significaba que pudiera entregarla a otro sin luchar.
No importaba lo mucho que ella no pareciera necesitarlo, él estaba dispuesto a protegerla a toda costa.
—Luca te odió —escuchó el susurro de su voz —tú me utilizaste…
—Si y tal vez me odies más cuando sepas que nunca te dejaré ir de mi lado — beso sus labios en promesa— porque yo soy tu dueño…
*********
Al llegar a su nueva casa, procedió a instalarla en su confortable habitación. Aquella noche, decidió que ella dormiría en su cama, a pesar de cualquier negativa que pudiera surgir. La determinación de hacer de ese espacio su refugio personal era innegable.
Detrás de él apareció Tony con su médico, ese hombre siempre había sabido ser discreto, no importaba si era por miedo o porque obtenía buenas ganancias con él…
—Más vale que esté bien, que sacarla del hospital no trajera complicaciones —lanzó la amenaza con su voz fría —si llega a sucederle algo, usted las pagará…
El doctor asintió, se acercó a Anastasia que seguía sumergida en la inconciencia.
Durante el camino hablo una o dos veces, cosas de mucho dolor, tal vez de lo que había vivido en su pasado.
Luca no se alejo de ella, solo permitió al doctor hacer su trabajo, lo vio revisar sus heridas de las muñecas, su costado tenía un gran moretón.
De su maletín saco todo lo necesario para suministrarle un suero junto con los antibióticos y analgésico que necesitaba.
—Ella está bien, es fuerte —sonrió al escuchar al doctor, su mujer era fuerte como él esperaba —todos los días hay que curarle sus heridas en las muñecas, el antibiótico y el analgésico que le administre son fuertes, la mantendrán dormida hasta mañana…
De nuevo hurgo en su maletín, sacando dos cajas de medicamento.
—Mañana por la mañana después del desayuno adminístrele una de cada una, le dejaré una receta con las indicaciones…
El asintió, después dirigió una mirada a Tony, este se acercó.
—¿Le cubriste los ojos al traerlo aquí? —Tony asintió.
Nadie más que Tony y él sabían en donde se encontraban, ni su padre lo sabía por si un día le quisiera sacar la información para dar con él.
—Doctor es por su seguridad y la mía —dijo llamando su atención mientras Tony pinchaba su cuello —nadie debe saber de este lugar…
Después al estar solos en la habitación se recostó en su cama mirándola, parecía más tranquila, tal vez sabiendo que estaba segura en ese infierno donde vivía Luca.
No podía negar, era la mujer más hermosa del mundo. Sin saber en que momento se quedó dormido.
Poco a poco fue abriendo los ojos, el movimiento de la mano de Anastasia lo alertó sacándolo de su sueño.
Al levantar la vista se encontró con sus ojos que lo miraban con reproche, con rencor y una pizca de dolor.
—¿Qué haces aquí? …