¿Lo hizo por mí? Miro a Preston estupefacta, con un nudo en la garganta. ―¿Te gustó? ¿O es mucho? ―pregunta, inseguro, como si temiera haber exagerado. ―Es una cita de ensueño ―afirmo con la voz entrecortada, aún sin creerlo. Él sonríe con orgullo, satisfecho. ―¿Me permites? ―pregunta, pidiéndome la mano. Y cuando la acepto, de pronto me sorprende inclinándose para alzarme en brazos con un movimiento tan natural que apenas tengo tiempo de reaccionar. Lo hace con cuidado, como un caballero antiguo cuidando a su dama para que sus tacones no se hundan en el césped. Instintivamente rodeo su cuello con mis brazos, quedando peligrosamente cerca de su rostro. El aire se vuelve más denso, mi respiración se entrecorta. Dejo salir un jadeo porque me tomó desprevenida, y en ese instante, el arom

