Al día siguiente… La vergüenza sigue anclada en mi sistema como una sombra que no me suelta. No logro sacudir de mi mente lo que hice, lo que le pedí con tanta desfachatez a Matteo. La imagen se repite en bucle: mi cuerpo arqueándose, mi voz jadeante rogándole que me mirara mientras me abandonaba al placer frente a él. No me reconozco en lo absoluto, y esa contradicción me consume. Desayuno con Samuel intentando aparentar normalidad, aunque cada bocado me sabe a nada, como si mi cuerpo entero estuviera ocupado en recordarme lo que pasó. Después de la comida nos preparamos para ir al autódromo, donde se llevará a cabo la carrera. Matteo se había marchado mucho más temprano, y ese pequeño detalle me concede un respiro, como si me hubieran quitado un peso de encima. Subo al auto junto a S

