Un favor por un secreto

1621 Words
Al llegar al trabajo, corro al vestuario a cambiarme Y me pongo el uniforme. Logro sellar mi tarjeta exactamente a las seis de la tarde. Me dirijo a mi sitio, al menos el trabajo me ayudara a distraerme por un rato. Me encuentro sola con mis pensamientos la mayoría de la noche. Sin embargo, estar sola con mis pensamientos no siempre es algo positivo... En mi mente solo tengo recuerdos de Liam, no puedo creerlo, nunca me había pasado esto, ni siquiera lo conozco no sé porque se roba todos mis pensamientos. Antes de que me dé cuenta, mi teléfono suena nuevamente. —¡¿Ya son las once?! Maldición, el tiempo vuela cuando uno está perdido en sus pensamientos. Después de cambiarme, retomo mi camino de vuelta a casa, estaba tan cansada, solo deseaba volver a casa. Mientras camino por la calle bostezando, veo un lujoso auto frente a mí, el auto, que estaba estacionado, arranca y avanza hacia mí. Comienzo a asustarme y meto la mano en mi mochila para sacar mi gas pimienta, solo espero que esto no sea un s*******o ... El auto se estaciona junto a mí. La ventana se baja ... y veo a Nicolas. —¡Qué... ¿qué demonios haces aquí?! —Le gritó sobresaltada. —Dime una cosa ... ¿cómo has logrado que te admitan en el Club Ejecutivo Versalles? Si trabajas en un sitio así...—Se ríe burlonamente. —Eso no es asunto tuyo —le respondo —Claro que sí. —En serio ¿qué demonios haces aquí? Es tarde y lo único que quiero es irme a mi casa. Nicolas parece sorprendido por mi respuesta, pero se recupera rápidamente de su sorpresa. —El Club Ejecutivo Versalles es parte de mi tradición familiar y no quiero que la reputación de un club tan selecto se vea manchada. Ya no vale la pena mentir. —Fui invitada a formar parte del club. Puedo mostrarte el email, si quieres. —Empiezo a sacar mi teléfono del bolsillo, pero Nicolas levanta la mano. —No te preocupes. Si es necesario, tengo acceso a todos los registros del club. A pesar de eso, me gustaría seguir formando parte del club. No puedo creer que vaya a preguntarle esto —¿Podrías... mantener en secreto que tengo un trabajo de medio tiempo? —Nicolas se ríe. —¿Mantenerlo en secreto? ¿Por qué? No me beneficia en lo absoluto. A menos que... —Nicolas asiente y entrecierra los ojos. —Quizá podríamos hacer un trato. Puedo mantener el secreto si tú haces algunas cosas por mí. —Frunzo el ceño. —No espero que lo hagas gratis. Incluso estaría dispuesto a pagarte, de ser necesario. Suspiro y asiento. —Supongo que ... podríamos hacer eso, siempre y cuando me pagues y mantengas en secreto que trabajo —¿Me das tu número? Me gustaría tenerlo por si necesito algo. Aprieto los dientes y le doy mi número de teléfono. —Bueno, ha sido un placer verte, Jennifer. —Mi nombre es Ollive. —Da igual —Nicolas comienza a subir su ventanilla, el auto arranca y se aleja. Bueno... parece que me espera un año muy duro. Todavía no puedo creer lo que pasó anoche. Me estremezco al recordar la horrible expresión en el rostro de Nicolas. Sacudo la cabeza en un intento de concentrarme en la clase, no quiero perderme en mi primer día. —Esto no es una fábrica, muchacha, me sorprende verte en la clase de negocios —levanto la vista y veo a Nicolas de pie frente a mí. Me fuerzo a mí misma a sonreír, pero mi sonrisa no es muy convincente. —Claro que estoy en la clase de negocios estoy pensando en estudiar Negocios —Nicolas levanta una ceja y sonríe. —¿Y porqué una obrera como tú quiere estudiar negocios? Espero que no pretendas tener tu propia empresa algún día... Oigo las risas de un grupo de chicas a mis espaldas y siento como el calor se esparce por mis mejillas. Respiro profundamente e intento mantener la calma y repito en mi cabeza una y otra vez "solo ignóralo solo ignóralo..." El profesor entra al aula y Nicolas se calla... y se va. —Hola y bienvenidos a Introducción a la Contabilidad Empresarial. Este es un curso para cualquiera que esté pensando en estudiar en la Escuela de Negocios más adelante. Me fuerzo a escuchar al profesor, pero no puedo evitar pensar en que Nicolas está sentado detrás de mí. Debería concentrarme todo lo que pueda en esta clase. Nicolas es un imbécil, pero no puedo dejar que eso me afecte. Especialmente si quiero ganarme la beca el año próximo. La clase pasa tan rápidamente que me sorprendo cuando el profesor termina de hablar. Me siento un poco decepcionada de que termine, la verdad ha sido una clase muy interesante. Los estudiantes empiezan a recoger sus cosas. —Hola, obrera. —Nada te da el derecho a llamarme así Nicolas. —¿Tienes otra clase o tienes el resto de la tarde libre? —No solo estoy ocupada esta tarde, si no todas las tardes —a pesar de la firmeza de mi tono, Nicolas sonríe burlonamente. —¿Tengo que recordarte que conozco tu secretito? Mi jardinero esta de vacaciones y mi perro rompió las flores de mi madre así que necesito que plantes más, parece que no te molesta ensuciarte, así que pensé en ti. Ya no puedo soportarlo. —Lo siento ¿qué? ¿Me insultas, me pides un favor y ni siquiera te molestas pedirlo amablemente? ¿Qué te parece no como respuesta? No estoy desesperada y... —No te preocupes, voy a pagarte. ¿Cuál es el salario mínimo estos días? Te pagaré el triple —me interrumpe. Abro la boca para responder, pero no digo nada. Podría... la verdad lo necesito. —¿Aceptas el triple o no ? —Nicolas estudia mi cara con atención. —Supongo —suspiro sin siquiera intentar esconder mi frustración. Nicolas extiende su mano y yo la estrecho. —Esta es mi dirección —me da un pedazo de papel. —También he anotado ahí mi número de teléfono —Nicolas se aleja. Paso el resto del día preocupada. Al llegar a su casa Intento no dejar que la opulencia de la casa me afecte. ¿Casa? Ese nombre le queda pequeño a esta enorme mansión. No puedo creer que haya logrado convencerme. Un movimiento en mi campo de visión me llama la atención. Un hombre se acerca. —Asumo que tú eres Ollive, mi nombre es Charles. —Hola, sí soy yo, es un placer conocerlo. —Nicolas me dijo que vendrías y que era mi deber mostrarte el cobertizo. Al menos su mayordomo es amable. Cruzamos el jardín y llegamos a un edificio bastante grande y agarro las herramientas. Al terminar me doy cuenta que me tomo todo todo el día, la verdad es que su jardín es bastante grande. Me dirijo a la casa principal y llamo a la puerta. Charles abre. —Oh, ya has terminado. Le avisaré a Nicolas —Charles le echa un vistazo a mi ropa, estaba toda llena de tierra, la verdad fue un trabajo bastante arduo. Charles toca un botón junto a la puerta. Oigo una voz de mujer. —Diga usted. —Julia, la joven que está reemplazando al jardinero ya ha terminado. Necesita una toalla húmeda y una bebida fresca. —Ya mismo, Charles —le contesta la mujer. Charles señala el pasillo detrás de el. —Por favor, pasa, puedes esperar aquí, Julia estará contigo en un momento, le diré a Nicolas que estás aquí. Miro a mi alrededor. supongo que había olvidado que algunas personas viven vidas muy extravagantes —Perdón por haberla hecho esperar, Srta. Ollive, aquí tiene una toalla y un vaso de limonada —acepto la toalla y me limpio la cara. —Yo me la llevo, Srta. Ollive.—extiende la mano y le doy la toalla. Oigo pasos en el pasillo. Nicolas le hace una seña a la mujer y ella se marcha a paso rápido. —Has terminado más rápido de lo que creía. He redondeado hacia arriba. Después de todo, te considero un caso de caridad —Nicolas me entrega un sobre. Hago lo posible para mantener una expresión serena. —Eso no era necesario. —Lo sé —Nicolas sonríe. Se me hace muy difícil no fruncir el ceño. De pronto, su expresión se vuelve muy seria. —¿Por qué vas a la Universidad Leónidas? La matrícula es increíblemente cara. Y eso sin mencionar las cuotas del Club Ejecutivo Versalles. ¿Por qué te molestas? —Me pregunta el. Levanto el mentón. —Haré todo lo que sea necesario para tener éxito —Nicolas parpadea sorprendido. —Las escuelas caras son prestigiosas... y la Universidad Leónidas es la mejor de todas ellas. —le digo orgullosamente. —Supongo que es una forma de verlo —se lleva la mano a la barbilla. Lo miro a los ojos. Sé que es muy importante no desviar la mirada en este momento. —Estaba a punto de tomar el té. ¿Qué dices? No todos los días me encuentro con personas tan determinadas como tú —Nicolas se acerca a un poco a mi. —¿Té? ¿Tan tarde? —¿Entonces? —Suena ... solitario. —Mi madre regresa a las ocho y le prometí cenar con ella, lo siento. Los ojos de Nicolas parecen estar estudiándome. —Lo mejor será que te vayas a casa, entonces —me abre la puerta. Asiento y comienzo mi camino a casa.
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