—El pie del joven es solo un esguince. No pasa nada si te ayudo. Te dolerá un poco. Aguanta.
¡Un grito estremecedor sacudió todo el hospital! El doctor se sonrojó de vergüenza. Acababa de dejar el bolígrafo y aún no había extendido la mano.
Sasha se paró a su lado y le dio una palmadita suave en el hombro.
Ángelo instintivamente, extendió la mano y lo agarró, hundiendo el rostro en sus manos y mordiendolo.
—¡Vamos! Más suave... — Sasha dijo preocupado.
—Esto...
Cuando hundió el rostro en las manos de Sasha, Ángelo no se dio cuenta de que lo había mordido.
El doctor miró el rostro de Sasha. Aunque estaba un poco rojo, no lo apartó.
—¿Qué miras? ¿Por qué no haces tu trabajo? ¿Ya no quieres tus ojos? — Sasha maldijo en voz baja.
—El doctor apartó la mirada preso del pánico.
—Sí, sí, sí...
Tras salir del hospital, Sasha tenía una herida en la muñeca.
Ángelo caminaba detrás de él con la cara roja.
—¡Lo siento! Justo ahora, no pretendía morderte, yo...
Era una vergüenza. ¡Simplemente estaba pagando la bondad con enemistad!.
Sasha miró la herida ensangrentada en su muñeca y rió.
—No te preocupes, ¿qué tan serio puede ponerse cuando tú, un niño, me arañas? — No le dio mucha importancia. Solo que, en realidad, se sentía bastante cómodo siendo arañado así. Hacía mucho tiempo que no se sentía así. Le recordó su pequeño hermano perdido.
Se separaron frente al hospital.
Ángelo caminó lentamente por la calle. No llevaba dinero, así que no tenía adónde ir. Había un pequeño parque junto al hospital, y parecía que no había nadie allí esa noche.
¿Quién hubiera pensado que él, Angelo, caería tan bajo, al punto de tener que dormir en un parque?
¡Ericsson cabrón!
Se quedó un rato bajo la farola. Siempre que se sentía solo e indefenso, miraba al cielo. Esa noche, incluso las estrellas estaban oscurecidas por las nubes oscuras. Parecía que iba a llover.
El coche n***o retrocedió y se detuvo junto a él. La ventanilla estaba entreabierta, y bajo la tenue luz de la farola, Sasha no podía ver su perfil con claridad.
—Parece que no tienes adónde ir.
—¿Por qué no te has ido todavía?.
—¡Sube al coche!.
—No, ¿quién dice que no tengo adónde ir?.
Se dio la vuelta con terquedad y se fue. Sasha lo miró con aire orgulloso y distante y negó con la cabeza.
Media hora después...
Su casa era grande, de estilo europeo, extravagante y elegante.
Ángelo llevaba un conjunto de ropa ancha y su pequeño cuerpo estaba envuelto en ella. Incapaz de mantenerse a sí mismo.
—Te lo prometo, me iré después de pasar una noche.
Sasha rió con indiferencia, con un encanto indescriptible. Lo examinó de pies a cabeza y le lanzó una bolsa de papel.
—¡Mejor cámbiate!. Mi ropa. Te queda bien. Pareces mi hermano pequeño.
Llevó la ropa al baño. Había un conjunto rojo en una bolsa de papel.
¿Un boxer? Era la primera vez que alguien desconocido le compraba algo así.
Le ardían las mejillas de vergüenza y se quitó la ropa lentamente. Su boxer de ositos era muy bonito, pero no podía creerlo, ¿sería un pervertido?. ¡Uf!... Respiró hondo y dejó de pensar cosas extrañas.
Sasha se sentó en el sofá a ver las noticias. Cuando Angelo salió, todavía llevaba puesta su ropa ancha. El conjunto le quedó bastante grande.
Desconcertado, Sasha preguntó.
—¿Qué te pasa?.
—Estoy demasiado flaco, ni siquiera me sirve bien.
Sasha recordó cuando lo llevó al hospital. Esa cintura esbelta, ese peso ligero como una pluma, no parecía tener nada que ver con la palabra "gordo". Debió deducir que era algunas tallas más pequeño.
Tomó la bolsa de papel de las manos de Ángelo y se dirigió a la puerta cuando Angelo lo llamó de repente.
— Soy "S".
En la villa, Ericsson estaba casi en llamas. Algunos guardaespaldas fueron derribados a patadas, los sirvientes se arrodillaron juntos, sin atreverse a levantar la cabeza, temblando de miedo.
—El joven saltó por la ventana, el patio trasero es solo césped, saltando desde el segundo piso, como mucho se torcería, de ninguna manera...
El guardaespaldas se tragó las palabras "pierna rota" con todas sus fuerzas. No quería morir demasiado pronto.
La mirada ardiente de Ericsson se volvió hacia ellos, los seguridad.
—¿De verdad lo dejaron escapar, basura? ¿Los tengo a todos como decoración?. ¿Torcerse el pie?.
Alguien lo vio salir cojeando de la madriguera del perro en el jardín y, de hecho, se torció el pie. ¿De verdad ese estúpido niño quería huir de él?.
¡Pum! La taza de café se rompió y el guardaespaldas bajó la cabeza, sin atreverse a mirarlo a la cara.
—¿Qué le pasó? Todos deben morir. Tráiganlo antes del amanecer —Ericsson dio la orden definitiva. Si no lo encontraban, estarían en peligro.
En un abrir y cerrar de ojos, solo las sirvientas permanecieron en el salón. Se arrodillaron en el suelo, sin atreverse a moverse. Ya eran las once de la noche y llamaron a la puerta de la familia Walker.
Cuando el sirviente, envuelto en un abrigo, abrió la puerta, vio a numerosos guardaespaldas afuera y al instante recuperó la claridad mental.
—¿A quién buscan?.
Un guardaespaldas intentó apartarlo, pero Bastián lo apartó.
—¿Puedo preguntar si el joven Ángelo ya regresó? Ericsson Collins lo está buscando.
El sirviente frunció el ceño
—Solo hay un joven, Jimmy Walker. Así es, parece que el el señor Jim tiene un hijo ilegítimo, pero vive fuera, no aquí.
Unos minutos después, toda la villa estaba rodeada. Jim estaba nervioso y no sabía qué hacer. En cuanto salió del salón, vio entrar a Ericsson.
—Quiero a Ángelo —Se paró orgulloso bajo la lámpara de cristal y ordenó con frialdad.
Había alguien o no, nadie podría detenerlo si insistía en tener a alguien de aquí.
Violeta bajó las escaleras con dificultad. No sabía qué había sucedido, pero había oído que tenía que buscar algo. Al ver a su madre, preguntó vagamente.
—¡Mamá!... ¿perdiste a tu perro otra vez? No hay problema si lo buscamos mañana. ¿Qué hacemos por la noche? Quizás sea como la última vez, donde volveremos al día siguiente.
¿Perro? La mirada sanguinaria de Ericsson la atravesó, y Violeta sintió que todo su cuerpo se helaba, como si el invierno la hubiera congelado. Su mirada se posó gradualmente en el cuerpo de Ericsson y se sobresaltó.
¿Era un sueño de primavera tan realista? Aunque esos ojos la miraban con frialdad, seguía estando completamente enamorada. ¿Por qué habría un hombre así en este mundo? Hacía que el corazón se le llenara de alegría, pero también le dolía como si fuera veneno. No podía rendirse.
Esos ojos, profundos como el océano, parecían tallados en forma de cuchillo o hacha. ¡Eran diabólicos! ¡Un monstruo capaz de hechizar el corazón de una mujer!
Quiso acercarse, pero no se atrevió. No sabía como logró acercarse a él, pero cuando su guardaespaldas intentó detenerla, finalmente recobró el sentido. Tenía los ojos llenos de lágrimas.
¡Nunca había visto su rostro tan de cerca!
—Ericsson, Ericsson, ¿de verdad eres tú? — Decía Violeta entre lágrimas.