La cámara enfocó de cerca. Toda la capital, a través de la televisión e Internet, transmitía la escena de la boda.
Las chicas enamoradas de Ericsson lloraban desconsoladamente, algunas incluso se desmayaron. Otros, al ver el rostro de Ángelo, parecían comprenderlo: era un ángel.
El dueño de una tienda, con el televisor encendido, no pudo soportarlo más. Cambió de canal con el control remoto, gritando a un grupo de mujeres: —¿Qué les pasa? ¡Parece el fin del mundo!
En la calle...
—¡Ah! Violeta, ¿no es ese Ángelo? Tu medio hermano —exclamó una mujer frente a la enorme pantalla publicitaria.
—¡Es él! —gritó la mujer, más emocionada que el día de su propia boda.
Violeta, con desdén, se giró lentamente y se detuvo frente a la pantalla.
'¿Qué está pasando? ¿Cómo pudo ese zorro salvaje casarse con Ericsson Collins... con un hombre?'. No esperaba que Ángelo fuera gay. 'Seguro que lo planeó todo para casarse con un rico'.
La boda continuaba...
Los labios se separaron, y Ericsson miró el hermoso rostro frente a él, esbozando una leve sonrisa.
—¿Cuándo terminará esto? —susurró Ángelo.
—¡Un abrazo para los medios! ¡Si sonríes natural, te daré diez mil dólares! —Ericsson lo abrazó sin esperar respuesta, sonriendo a las cámaras.
Ángelo cooperó, sonriendo dulce y naturalmente.
'¿Vi bien? ¿Ericsson sonrió de verdad?'.
Miranda Allen, la secretaria, miró la pantalla con sorpresa. Ericsson nunca había sido generoso con sus sonrisas, a lo sumo, un leve gesto. Esta era la sonrisa más amplia que le había visto.
La dama de honor seguía siendo de la familia Cook. Las amigas de Bianca fulminaban a Ángelo con la mirada.
Era hora de la ceremonia de cambio de ropa. El equipo de maquillaje llevó a Ángelo al backstage.
El complicado traje de novio fue reemplazado por algo más cómodo. Al terminar de quitarse el maquillaje, se agarró el estómago, con una expresión de dolor.
—¡AHH! ¡Mi estómago! ¡Me duele!
Las maquilladoras se alarmaron. —¿Joven Collins, está bien?
—Sí, necesito ir al baño. Son los nervios.
—Te acompaño.
Ángelo buscó su bolso, aliviado al ver que la caja con el collar seguía allí. Su rostro se iluminó. —No se preocupen, iré solo.
Miranda no era tan fácil de engañar. —Lo acompaño, joven Collins.
Tras dejarlo en el baño, Miranda esperó en el pasillo.
La tardanza provocó la llamada de Ericsson. Miranda respondió: —Sr. Ericsson, el joven estará allí de inmediato.
Tras diez minutos, Ángelo no salía. Miranda entró a revisar.
—¡Woo woo woo!...
En el suelo del baño, una mujer atada y amordazada la miraba impotente. Vestía la ropa de Ángelo.
¡Ángelo había escapado!
En el salón de bodas, Ericsson esperaba al novio para brindar con sus padres. Miranda entró pálida y le susurró algo al oído.
El rostro de Ericsson se ensombreció, rompiendo un vaso con la mano.
Su madre se alarmó. —¿Eric, qué pasa?
En el vestíbulo del primer piso, Ángelo jadeaba, deteniendo un taxi. —¡Sáqueme de aquí! ¡Y no mire atrás!
'Mi primer beso... con un hombre. ¿Y quería que brindara con sus padres? ¡Ridículo!'. Si no escapaba, terminaría en su cama.
Había traicionado a Chloé. Todo por ese collar de cincuenta millones, culpa de su madrastra.
—¡No se detenga!
Un grupo de hombres de n***o lo perseguía.
—¡Me descubrieron! —murmuró Ángelo.
Vio otro taxi y se lanzó dentro. —¡Deshágase de ellos! ¡Rápido!
—¿Qué hizo? —preguntó el conductor, temblando—. Parece buena persona.
A Ángelo se le ocurrió una idea. —La gente de este hotel es mala. Rompí un vaso, me cobraron y querían venderme. ¡Escapé por poco!
El conductor pisó el acelerador. —¡Qué barbaridad! ¡No se preocupe! ¡Los perderemos!
El auto salió a toda velocidad, pero los perseguidores seguían cerca.
Ángelo se secó el sudor. —Deténgase en la esquina. Le daré el doble.
—¡Hecho!
El auto frenó en la esquina. Ángelo salió corriendo, desapareciendo entre la multitud.
¿Logrará Ángelo escapar de Ericsson Collins, o pagará las consecuencias de su audacia?