Atrevido.

1058 Words
Santiago estaba totalmente cautivado por esa mujer de gran carácter que tuvo la valentía que contestarle y ponerlo en su lugar, no lo pensaría y la iba a conquistar, tarde o temprano caería bajo sus pies. Isabella llego a su oficina molesta por la actitud de su jefe -quien se cree para tratarme de esa manera- La jornada en el área de diseño había estado muy agitada y Isabella estaba cansada, ya queria llegar a su casa y quitarse los tacones, pero al bajar encontró una cara conocida.. -. Señorita González suba la llevaré hasta su casa -. -. Muchas gracias señor Santiago, pero no necesito de su ayuda -. ni loca me monto en ese auto. -. Asi dicen todas y terminan suplicando, puedes observar la cola de la parada, tardará horas ahí esperando un taxi -. -. Le agradezco su amabilidad pero vuelvo y le repito NO GRACIAS, además no estoy apurada, buenas noches Señor-. Isabella caminó contorneando sus caderas y haciendo sonar sus tacones con cada paso que daba, ella no recibiría ayuda y menos de un hombre que a simple vista le había caído tan mal. Santiago que estaba recostado en su auto pudo observarla hasta que su figura desapareció entre la multitud.. - Pronto cambiarás de opinión gatica- Ella llegó a su departamento y se desplomó en el mueble, su primer día fue de muerte lenta, sin contar con su jefe que se cree un don Juan y hasta la quería pretender, no era más que un estupido a su vista. Ajusto su equipo con música de relajación y se sirvió un vaso de agua -espero mañana sea un día más tranquilo- Así se quedó dormida en el sofá, basto que la alarma la sacará de su sueño.. -No puede ser me quedé dormida- Isabella corrió hacia el baño a ducharse, se colocó una falta gris de corte alto a la cintura y una blusa blanca con un bleyzer n***o y zapatos de mismo color.. Bajo corriendo hasta la salida y tomo rápidamente un taxi, hicieron una parada en un café donde compro unos pretzel y un café bien cargado para poder despertar y dar lo mejor en su puesto de trabajo. Al entrar a la oficina todos se le quedaban mirando para luego bajar la mirada. -¿que le pasara a esta gente, será que me tienen miedo?- No le dio importancia y siguió hasta su área de trabajo, se sentó y reviso todos los pendientes, tenía una nota de su asistente.. -Señorita González debe subir a la oficina del CEO al llegar- -Ahora este con que me saldrá- Ella subió hasta el último piso, no entendía por qué la mando a llamarla en vez de dejarle cualquier información por escrito.. Toc toc toc -. Adelante, Buenos días señorita, Como amaneció el día de hoy? -. -como me cae de mal- -. Buenos días jefe, en que puedo ayudarle? -. -. Acércate que no como -. -bueno a ti si te podria comer- Ella se acercó hasta el escritorio para luego sentarse. -. Sabe que esta es una empresa reconocida, y su vestimenta de hoy no nos representa -. -. Se muy bien en qué tipo de empresa estoy trabajando, no se a que se refiere con mi ropa, me llamo solo para criticar mi vestimenta?? -. -. Ahí atrás tengo mi habitación, podríamos pasar si no te incomoda y te miras al espejo -. -. Yo no voy a ningún lugar con usted, atrevido -. -. Atrevida tu, que vienes hasta mi empresa semi desnuda a provocar a mis trabajadores -. Isabella no soporto más sus palabras y se le lanzó encima para golpearlo, no dejaría que nunca más un hombre le hablara de esa manera.. -. Oye gatica calma, por favor -. Santiago la abrazo fuerte y la cargo hasta su habitación, ella iba como una yegua desbocada peleando con el.. -. Suelta, suelta que piensas hacerme -. -. Calma, solo quiero que te mires al espejo -. -. Abusador, atrevido, no veo nada malo en mi -. -. Estás segura?? ahora puedes quitarte tu blazers y mirarte nuevamente -. Isabella hizo lo que el le pidió y pudo observarse claramente, ella no llevaba brassier, se había levantado tan apurada que se olvidó de esa prenda.. -. Oh Dios mío!.. deja de mirarme abusador -. -. Ahí tengo ropa, puedes usar una de mis camisas encima de la tuya, ve a la tienda de al lado y soluciona tu problema -. Santiago salió de la habitación dejándola ahí parada, como pudo haber salido de su casa sin esa prenda tan importante, era algo que toda mujer debía colocarse después de una ducha, y ahí estaba ella de provocadora sin nada, sus picos se reflejaban claramente, sin hablar de sus grandes senos que eran una maravilla, no cabía duda que el infeliz de Santiago se había deleitado con verla de esa manera. Ella se miro al espejo pensando en todas las personas que la habían mirado, estaba molesta por que el la había levantado y cargado, odiaba tener contacto físico con los hombres y más con su jefe que le caía de la patada. Se probó muchas camisas y todas le quedaban inmensas, él era un hombre de una contextura grande, ya tenía veinte minutos ahí adentro y nada le quedaba bien, lo único agradable era que esas camisas olían a un rico perfume de caballero. Santiago ya estaba impaciente, por que ella no salía de la habitación, tomo la decisión de mandar a su asistente a comprar un conjunto de lencería, y decidió entrar para ver qué pasaba. -. Te gusta como huelen mis camisas? -. -si supiera la gatica que yo huelo mejor- -. Disculpa, solo que no conseguí ninguna que me quedara, me pondré cualquiera para salir -. -Que pena me encontró oliendo sus camisas- -. Espera ya te traerán algo de tu talla -. -ojalá no consigan que comprarle, así me podré seguir deleitando- -. Que pena, puedes descontarlo de mi salario-. -como pude ser tan despistada, soy una tonta- -. No te preocupes, ya habrá manera de que me lo pagues-. -ojalá y sea en la cama- Isabella volteo los ojo, odiaba a un hombre baboso, y a su jefe ya lo odiaba, era incómodo estar a su lado, siempre tenía frases con doble sentidos.
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