"Corría por el prado sintiendo el viento en sus mejillas, sus cabellos cobrizos ondeaban con el mismo y su vestido chocaba con todas y cada una de las hierbas autóctonas de Hevolear, reía mientras Edward trataba de alcanzarla entre tropezón y tropezón. —¡Muévete Ed! — grita. —¡Espera! ¡No puedo tan rápido!— responde el niño cayendo de bruces al suelo. Por estar pendiente de la caída del niño Anette tropezó con una raíz sobresalida y cayó rodando al suelo, su vestido nuevo – color beige – por su cumpleaños número ocho había quedado totalmente arruinado, cubierto de tierra y sus manos poseían raspones propios de dicho golpe, sin perder el tiempo dejo caer sus lágrimas sintiendo el ardor de sus palmas, la tristeza de no tener su regalo intacto y la culpa por haberlo arruinado horas después

