Hace apenas unas dos horas los muchachos han podido adentrarse por completo en la Selva de Paz –una pequeña subdivisión del enorme lugar natural–, una pequeña fogata arde en medio de ellos, mientras Edward descansa aún Thomas y Adrien han recolectado algunas frutas y sus bestias se mantienen en silencio recuperando fuerzas. La mente de ambos chicos se encuentra funcionando a todo lo que da, no sólo por la situación en la que se encuentran sino porque ambos piensan en la misma persona, ¿Estaría a salvo? —Dios, me duele todo el cuerpo— musita Ed incorporándose. —Eres el que más ha dormido amigo— ríe Adrien. —Vaya, ni siquiera sentí cuando me bajaron de Serveros— musita tomando algo de fruta. —¿Alguna novedad? —Ninguna, no sabemos nada de ellas — responde Thomas sabiendo que se refiere

