Shock Elizabeth se tensó en su silla, sus manos atadas luchando contra las cuerdas mientras sus ojos se clavaban en Antoine con un desafío ardiente. -Prometiste dejarlo ir – le dijo con una voz firme, intentando mantener el control sobre su miedo. Antoine se rio, una carcajada que resonó en la habitación con una frialdad escalofriante. -Oh, querida prima, no rompo mis promesas tan fácilmente. Lo dejaré ir, como dije. Pero antes, creo que él merece... un espectáculo -Se inclinó hacia Gabriel, que todavía estaba de rodillas en el suelo, jadeando por el dolor - Estoy seguro de que querrás quedarte a presenciar cómo desmantelamos las mentiras de esta “heroína”. Tal vez así finalmente aceptes quién es en realidad. Gabriel levantó la cabeza, su mirada oscura y feroz. A pesar del dolor y la

