Aunque la confusión lo envolvía, su deseo de salvarla, de hacer lo correcto, de no dejar que su nombre quedara manchado, lo impulsaba a actuar. -¡No sé qué ha pasado! - exclamó Gabriel con honestidad con la frustración finalmente explotando en su voz. Estaba desesperado, pero aún no podía recordar. Solo sabía que no quería hacerle daño a Elizabeth, que no había querido hacerle daño. Pero la incertidumbre de lo que había sucedido lo estaba comiendo por dentro. -¿Cómo que no sabes? - preguntó Nathan, con una dureza que caló hondo en Gabriel. Las palabras fueron un golpe y Gabriel, aún sin saber si todo lo que había pasado, lo miró con impotencia. - Te despertaste junto a mi hija en una cama y lo único que me dices es que no sabes qué sucedió. No sé qué clase de hombre eres, La Roche, pero

