Elizabeth despertó sobresaltada por el grito y el ruido y abrió los ojos, pestañeando con desconcierto ante el espectáculo que el conde ofrecía a sus pies. Se había dormido y no esperaba esta situación. La expresión de total confusión e incredulidad cubrían el rostro del hombre sentado en el suelo y ella no entendía del todo qué era lo que provocaba esa reacción. - ¡Dios mío! Gabriel jadeó, prácticamente hiperventilando mientras se levantaba torpemente, con el rostro enrojecido y los ojos llenos de horror- Mademoiselle... yo... no sé... ¡No recuerdo nada! Le ruego que me disculpe, que... - intentó continuar, pero las palabras apenas le salían. Observó el estado de su ropa y la posición en la cama en la que había despertado y una oleada de vergüenza y culpa lo envolvió. ¿Qué había hecho

