Tras conducir por unos cuantos minutos, Savannah y Armando llegan al restaurante. Es uno de los lugares más exclusivos de Santa Bárbara, con una bella vista al mar y deliciosos platos marinos para degustar. El hombre quería halagar a la dama llevándola al mejor sitio de la ciudad. Y como todo un caballero, él la ayuda a bajar del auto, mientras nota cómo la joven capta la atención de todos; eso lo hace sonreír. —¿Pasa algo, estás muy callado? —le pregunta Savannah. Mientras se acomodan en la silla. De manera inmediata se acerca uno de los meseros; Armando ordena una botella de su mejor vino. El joven asiente y se retira. —Eres muy hermosa, Savannah. Estoy consciente de que eres más de lo que puedo aspirar; no quiero que pienses que pierdes el tiempo conmigo —le admite. Ella agran

