Cerca del mediodía, Leviatam llegó a unos de los puntos de encuentro que estaba dibujado en el mapa. Las personas allí eran como en la ciudad donde fueron atacados, escasas y prejuiciosos. Los ojos de las doncellas no podían evitar mirarlo con d***o, la belleza de aquel ángel traspasaba todo tipo de pensamientos puros y quedaba oculto dentro de ellas, colocándolas en una postura incomoda delante de él. Sin embargo, a Leviatam parecia no importarle nada de eso, a pesar de que lo percibía. Tomó el camino que lo llevaría a la siguiente ciudad, un camino verde, rodeado de hermosos árboles que parecían rasca cielo, que al ser tocado por el viento reproducían una hermosa melodía, aunque para otros podía causar terror. El sonido confundía he impartía temor a los aldeanos que debían pasar por

