—Amo Azazel —dijo Bebal—. ¿Para qué nos ha convocado?
El demonio alado giró la cabeza con la parsimonia de los poderosos para exponer sus imponentes ojos azules.
—Tengo que pedirles un pequeño favor. Últimamente, ese mortal que acompaña al Elemental de tierra me ha estado fastidiando más de la cuenta —su semblante se tornó rígido—. Necesito que lo distraigan un rato en lo que despierto a los Nephilim.
—No creí que fueran a necesitarlos —expresó el Enmascarado.
El ser alado arqueó una ceja para transmitir el disgusto por la osadía de su subordinado.
—Es una cuestión meramente estratégica. Los requiero para que ataquen ciertos puntos.
Cuando Azazel terminó de hablar, apareció un portal oscuro a un lado de ellos de donde aparecieron un chico y una chica de piel morena con un tono ligeramente olivo.
—Badariel, Eisheth Zenunim —los miró con serenidad—.
¡Qué bueno que estén los cuatro reunidos!
—¿En qué podemos servirle, mi señor? —preguntó el chico poseído por Badariel.
—Nos estamos acercando a nuestro objetivo primordial. Necesito que mantengan alejados a los que se están interponiendo en nuestro camino.
La chica poseída por Eisheth Zenunim alzó la mirada:
—Sí, hemos tenido unos cuantos encuentros con la compañera del silfo —comentó en un tono frío—. Su belleza era abrumadora: poseía un largo cabello n***o ondulado con matices rojos. Su cuerpo emanaba un aroma a vainilla y sus ojos eran similares a los de Badariel. Teníamos la intención de matarla, pero nos lo han prohibido.
—Los necesitamos vivos. Después tendrán la libertad de matarla, lo mismo que al Elemental.
—Existe otro problema —intervino el Enmascarado—. Abalan estuvo a punto de deshacerse de Gael hace unos instantes, cuando de la nada apareció una chica con una katana y lo partió por la mitad. Ningún humano podría haberlo logrado. Percibimos una presencia infernal en él.
—Parece que alguien nos ha traicionado —repuso Bebal.
—Sabemos quién es, se llama Anastasia y fue una de las pocas almas víctimas que se negaron a pactar con Paimon