El matrimonio de Isabella El día del matrimonio de Isabella, finalmente, había llegado. El invierno que había acabado hacía poco había sido particularmente frío, pero ahora las margaritas emblanquecían los prados, como durante toda la estación fría había hecho la nieve, por aquí y por allá. Los primeros arbustos de jazmines y de madreselva coloreaban de blanco y rojo los límites del bosque y las golondrinas comenzaban a revolotear entre las almenas de la fortaleza en busca de un puesto seguro donde anidar. Isabella estaba en la habitación de Giulia: el sol penetraba tímido por las contraventanas, iluminando los cuadros que adornaban la parte alta de las paredes y del techo. Agnese y Onofria se movían alrededor de la muchacha como dos abejas trabajadoras: una entrelazaba los cabellos, l

