Mater e filia La mañana se había deslizado como el agua en el baño del santuario sobre la piel de las dos mujeres, que nunca se habían sentido tan cercanas una de la otra. Giulia y Laura habían decidido no comer en el salón junto con Niccolò y los niños, para dedicarse algunas horas lejos de todos. Las fieles sirvientas habían preparado una comida frugal, que las dos mujeres consumirían mientras paseaban por los bosques que rodeaban el pueblo. Cada una de ellas en sus propias habitaciones, se estaban preparando para la cabalgada que les esperaba: Giulia no dudó ni un momento en vestir los pantalones que, ahora ya, llevaba siempre cuando salía a caballo. Sentía que no quería esconder su verdadero ser a su hija. Oyó un ligero toque en la puerta. «Madre, cuando queráis yo...» Laura abrió

