Desperté sintiendo los besos de mi esposo alrededor de mi rostro y eso me hizo sonreír. —Buenos días, princesa. Vamos a desayunar, porque tengo preparado un día hermoso para los dos. Mi esposo había pedido todo un bufet de desayuno. Así que comimos con calma, luego nos dimos una ducha y salimos a recorrer la ciudad. Teníamos tanto tiempo sin hacer algo así que ya había olvidado lo feliz que podía ser con Theo y, sobre todo, las razones por las cuales me había casado con él. Con Theo fuimos de compras, después a almorzar, al museo, al cine y terminamos cenando en mi restaurante favorito. Mi esposo me regaló flores, chocolates y un hermoso oso de peluche. No hubo distracciones. Ambos teníamos nuestros teléfonos apagados. Por hoy solo existíamos los dos y se sentía tan bien. Me volví a se

