Los días fueron pasando y la situación no mejoró ni en casa ni en el trabajo. Ya hacía un mes de mi discusión con Damien. Un mes desde que me había puesto los puntos claros. Me había anunciado que no firmaría mis pasantías a menos que tuviese una noche de pasión con él, una que no pensaba tener. ¿Cómo podría hacerlo? Estaba con su sobrino. Solo pensarlo ya me parecía una aberración, un pecado. Algo que jamás imaginé que tendría que enfrentar; a veces me preguntaba cómo podía siquiera pensar en algo así, cómo podía mirarme a los ojos y decirlo con tanta seguridad y aun así había algo que me molestaba admitir. Damien llamaba mi atención. Había algo en él que producía sensaciones nuevas en mi cuerpo, algo que me incomodaba aceptar. Pero de ahí a acostarme con él había una distancia enorm

