Emanuel regresó horas más tarde, bajó de su motocicleta y avanzó hasta las cocheras, sintiendo que nada de lo que había hecho había logrado modificar su humor. Había ido a un bar para beber hasta cansarse, había manejado a toda velocidad, desafiando los controles sin precaución y había terminado en los brazos de Helena para dejarse llevar, para olvidar que ella lo había rechazado, para oír sus gemidos vacíos, para descubrir que, de repente, no le causaban lo mismo y eso lo llevó a volver a caer en el mismo espiral confuso que traía un par de ojos marrones y enormes a sus pensamientos para descubrir que la vida como la conocía no sería lo mismo. Acomodó la motocicleta y cuando se sacó el casco unos movimientos llamaron su atención. Le había dicho al mayordomo del turno noche que él se ocu

