NISHA Duermo como piedra, sin sueños. Cuando despierto, faltan treinta minutos para que suene el despertador. Lo apago, me estiro, siento ese hormigueo rico en el cuerpo. Sonrío. Ni me acuerdo la última vez que me levanté con tanta energía. Me levanto, directo a la regadera. El agua me golpea la espalda y me duele un poco la cadera, los muslos, hasta el abdomen, pero ni me quejo: son marcas de la rutina intensa que me dejó Maxwell anoche. Tarareo mientras me echo shampoo, sintiendo paz. Normalmente desayuno cualquier cosa o me compro un café en la esquina, pero hoy me da tiempo de preparar algo decente. El estómago me suena. Preparo café, revuelvo huevos, tuesto pan. Desayuno tranquila. Lavo los platos, y cuando me voy a maquillar, me detengo. Hoy no quiero mi cara de siempre. Cambio e

