MAXWELL Salgo del trabajo y lo primero que hago es revisar el celular. Hay un buzón de voz y, la verdad, pienso que es Nisha. Me palpita el corazón como loco porque no sé si es algo grave. Pero no… es Sarah, mi hermana. —Qué pasa, hermanito —dice con ese tono que ya me huele a problemas—. La mamá de Frank se cayó y se rompió la cadera. Él tuvo que volar a verla. ¿Podrías venir a echarme la mano con los niños hoy y tal vez mañana? La llamo desde el coche y contesta al instante. —Ya escuché tu mensaje —le digo—. Claro que voy. Llego en media hora. —Gracias, te la debo —me dice, y al fondo se oyen los gritos de sus pequeños. —No hay problema. Esta noche no tenía nada —. Porque Nisha... Nisha ya ni me llama. Y si nunca vuelve a hacerlo, ¿qué? No quiero pensar en eso. Prefiero estar con r

