MAXWELL Me quedé con la mano en la parte baja de su espalda, siguiéndola mientras subíamos esas escaleras, dos pisos, uno tras otro, sintiendo cómo cada paso me acercaba a ese momento. Llegamos a su puerta y se detuvo, sacó las llaves con un suspiro corto. —Aquí es —dice, empujando la puerta con la cadera—. Lo siento por el caos, he estado con mil cosas encima. Pone la luz, y me echo un vistazo al lugar. Las paredes con cuadros y pósters de esos con flores y mujeres de otra época. Y una estantería gigante que domina el fondo, cargada de libros. No era lo que me imaginaba de ella, pero tiene sentido. Es un espacio que huele a ella. —No veo ningún desmadre —le digo, y lo pienso de verdad. Claro que hay cosas tiradas, pero se siente como un lugar vivo, no como ese ático mío donde todo e

