Deje de pensar en muchas cosas que rondaban mi cabeza, solo en Gabriel y en nuestra última conversación; me llamo ayer como todas las noches desde que se fue a España, diciéndome lo mucho que le hacía falta, que había tenido algunos problemas con el negocio y se iba a prolongar un poco más su llegada, pero que todo iba a estar bien y debo decir que probamos lo del sexo telefónico; no es lo mismo que tenerlo a él en persona, pero fue bastante excitante, lo recuerdo y aún me enciende. - ¿Qué haces?.- me dijo. - Hablar contigo marinero. - Eso ya es evidente, me refiero ¿a que estás haciendo, que vez, que llevas puesto?. - Ah ¿y no es mejor preguntar eso?, estoy hablando con mi marinero, veo las estrellas que se cuelan por mi ventana y llevo puesta la bata de seda plateada que me regalaste

