Punto de vista de Seraphina Mi mano se detuvo mientras acariciaba el cabello de Daniel. Por un instante, creí haberlo escuchado mal. La voz de mi hijo sonaba suave y cargada de sueño, pero las palabras resultaron lo bastante claras para robarme el aliento. “Felicidades por tener a tu loba por fin”. La habitación pareció detenerse a nuestro alrededor: la luz de la luna se filtraba tenue a través de las cortinas, el ritmo constante de su respiración, el eco de todo lo sucedido hoy. Mi corazón dio un vuelco, frágil y sobresaltado. —¿Cómo... cómo lo supiste? —susurré sin apenas confiar en mi voz. Me miró parpadeando y sonrió con sueño. —Solo lo supe. Antes de que pudiera añadir algo más, la voz de Alina surgió con suavidad en mi mente; cálida, encantada y orgullosa

