Punto de vista de Seraphina Para cuando llegamos a casa, el cielo ya se había teñido de crepúsculo. El aire fresco traía consigo un leve aroma a lluvia; era una de esas tardes suaves e intermedias en las que todo se sentía en calma. Daniel caminaba con pesadez a mi lado con su mano cálida en la mía. Estaba más callado de lo habitual, lo cual no resultaba extraño tras un largo día; sin embargo, algo en su silencio de esta noche se percibía diferente. —Vaya día, ¿eh? —comenté mientras entrábamos al vestíbulo. Se encogió de hombros. —Estuvo bien. —¿Solo bien? Asintió con la mirada fija en sus zapatillas. —Sí. Le ayudé a quitarse la chaqueta para colgarla en el perchero. Sus hombros se hundieron y noté un leve rasguño en la rodilla de sus jeans, uno que no estaba allí es

