Punto de vista de Seraphina Nunca antes había bailado de esta manera. Ni en un baile de práctica, ni en clase de etiqueta. Ni siquiera en la intimidad de mi propia cocina. Lucian se movía con gracia sin esfuerzo. Su mano, firme, pero sin ser controladora, se posaba en mi cintura. Me guiaba con una seguridad que me hacía sentir capaz de cualquier cosa, siempre y cuando me dejara llevar y siguiera su ritmo. Ya ni siquiera era consciente de mis pies. Solo de la calidez en sus ojos y la comodidad de su sonrisa. La música fluía a través de mí. Por primera vez, no pensaba ni me preocupaba por quién me miraba o si lo estaba haciendo bien. Simplemente... me movía. Cuando la canción terminó, la sala volvió a estallar en aplausos. Aunque, esta vez, no era atronador como el de

