• CAPÍTULO XX •

3113 Words
Era algo humillante, no lo podía negar. O al menos ésa era la palabra que encontraba a mi enojo y orgullo roto que me hacían agradecer el echo de que estando ebria no lo notaría. — ¿Hugo? — murmuré viéndole y ésta como si le hubiese dicho algo horrible rápidamente se abalazo nuevamente a mí, solo que ésta vez era diferente. No lo hacía para nada s****l ni divertido, ella lloraba acunada en mi cuerpo y se aferraba a mí como si no quiera que me fuese de su lado. — Por favor, no quise hacerlo — sollozó en mi pecho haciendo que me tensase completamente al escucharle. — Hugo, perdóname. — pidió, déjame mucho más confundido de lo que ya estaba. No sabía porqué lloraba, porqué se disculpaba, ni quién era. Quizás era su ex para la forma en la que hablaba, o quizás él había discutido con ella y ella aún lo quería de vuelta. — Te perdono — respondí a sus palabras logrando que ésta cesara a su llanto — pero debes dormir. Solo habían bastado esas palabras para que la peliroja rápidamente cediera dejando que la acostara, y aprovechando que cansancio, mis manos rápidamente la recostaron de nuevo, cubriendo su pequeño cuerpo con aquella sábanas rosadas de su cama, y sin esperar a que ésta dijese alguna otra palabra, rápidamente me dirigí a la puerta de su habitación alejándome por completo de ella. Sentía molestia, tanta molestia que lo único que tenía para controlarla era morder el interior de mis mejillas hasta el punto de que éstas ya supieran a sangre, y en el momento en que mis pies toscamente bajaban por las largas escaleras, mi molestia solo pudo hacerse más gran al toparme con aquél chico de ojos avellana, reposado a unos cortos sentimientos viendome con puro recelo. Al igual que yo... Pero sabía perfectamente que aquél sentimiento, sin duda, él no me lo proporcionaba. Solo bastaron que mi cuerpo estuviese a un lado de la escalera para que sus ojos viesen los escalones con deseo, como si quisiera subir, pero en el momento en que éste quiso dar un paso, por puro atrevimiento mis piernas rápidamente retrocedieron recostandome en la baranda de aquella subida, como si de un guardia de seguridad me tratara. Y a pesar de que no cubría la entrada, éste no continuó con su camino. — Luis — canturree vacilante relajando todas mis expresiones a pesar de mi molestia. Suspiré. — ¿Sueles ser así con todos los que quieren con tu amor platónico? ¿o solo es conmigo? — pregunté logrando que éste solo se molestase aún más. — porque... sabes, es algo incómodo que estés por ahí viéndome siempre con esa intensidad, llego a pensar que quizás soy yo el que te gusto y, me partiría en el alma rechazarte — negué en una falsa tristeza junto con un puchero — Quizás tenga que hacer como Luci e irme pero... Y habiéndolo esperado por completo, el primer golpe fue lanzado golpeando torpemente mi mandíbula haciendo que solo un inclinamiento de cabeza hacia un lado y una ladina sonrisita escapara de mis labios oculto por mi cabello. — ¡¿Cree que puedes vernir aquí y burlarte de nosotros?! ¡Tú no conoces nada de mí y puedo jurar que nada de Luci! — gritó casi escupiendo saliva — ¿Sabes? Realmente me das pena, porque el echo de que igual te guste y ella no te haya presentado como su pareja, queda muy caro una de dos cosas, no tienes las bolas de declararte porque sabes que te va a rechazar, o simplemente ya lo ha echo.. — Masculló y sin estar a que éste continuará con sus palabras, mi mano rápidamente fué lanzada a su cara tirándole con el impacto al suelo retorciendose mientras varios jadeo y gemidos adoloridos salían de sus labios tratando de tomar su mejilla, embarrando su mano de un chorro de sangre que de su pómulo salía. Y sin esperar a que éste se levantara, tomándolo de el cuello de su camisa, yo lo hice. Quedando en frente de mí un pequeño cuerpo en comparación al mío, tambaleante y empapando su lloroso rostro de sangre. — Lo siento, no quise pasarme a tanto — Murmuré viendo la sangre salir de aquella cortada. — como estoy seguro que tú no quisiste decir aquello — Asentí mientas mis labios soltaban cada palabra como una madre tratando de explicarle a su hijo la tabla de multiplicar. — ¿Quisiste decir aquello, Luis? — pregunté y éste ni siquiera se movió, solo permaneció allí envuelto en rabia e impotencia mientras de mi nariz salía un fuerte suspiro cansado. — Ay, Luis, ¿cómo no sabes responder a esa pregunta? Está fácil, mira..— Gritó, un grito tan increíblemente fuerte cuando uno de mis dedos presionaban con fuerza aquella cortada encastrando mi uña en él, y aún cuando éste se retorcía en ningún momento llegué a soltarle. — Tienes que decir que igual lo sientes para yo también disculparme. A ver, vamos de nuevo.. — ¡Lo siento! Lo siento, no quise decir aquello, no quise... — soltó en desespero. Fue allí que lo solté, y separandose de mí rápidamente, éste llevó su mano a aquella herida como si brindara aquello algo de apoyo o alivio a su dolor. — También lo siento. — murmuré dejándome ver con aquél odio. — pero creo que lo que más lamentaré será no verte más, cerca de Luci, o al menos hasta yo haberme ido. Él habían entendido completamente al escucharme hablar, y cuando sus mandíbula impotente se apretó, mi mano ya hacía sacando una fina pañoleta blanca de las que mi madre solía darle, y tal y como ella lo hacía, mi manos se estiró entregándole ésta. En el momento en que su mano rendida le tomó, súper que yo había ganado, y más al ver cómo éste sin llegar a limpiar si cara solo tomó sus ojos cerrando la puerta con frustración, dejándome a mí con una pequeña sonrisa, sonrisa que fue borrada al escuchar pasos provenir de la escalera, y aquél chico, Jhonny, bajar cansados éstas. Yo también estaba cansado, no lo iba negar, pero verle, había sido mi mayor fuente de información en éstos momentos, y a provechando que nadie, a excepción de aquél borracho, podría escucharnos. Sin descaro y con un terrible disimulo, le hablé. Luci No sabía cuánto tiempo había pasado desde aquella sensación cuando mis ojos lentamente se abrieron y un agudo e intenso dolor de cabeza rápidamente hizo que me despertase llevando mi mano a la cabeza y aún cuando mi cabeza dolía, todo mi cuerpo pedía a gritos que me quedase en aquella como cama con olor a, Thomas.. Olía a Thomas. Mis ojos rápidamente se abrieron al pensar en el pelinegro, girando en busca de él, sin embargo, solo estaba en mi cama y lo que olía a él era aquél suéter aún impregnado en su aroma. Y si estar acostada ya era de por sí una tortura, llegar hasta el baño para lavar mi rostro e intentar arreglarme era mucho peor. No solo por mi cara completamente demacrada e hinchada, si no por algunas punzadas en mis rodillas que extrañamente estaban algo rojas y una de éstas con un pequeño raspón seco. Nada había tardado en bañarme, vestirme y tomar entre mis manos el suéter gris de Thomas para antes de salir echar un último vistazo a mí apariencia en el espejo. Estaba vestida con unos jeans algo ajustados, una camisa blanca suelta y uno zapatos de el mismo color. Mi cabello estaba completamente peinado y, gracias al maquillaje que había usado, aquel indicio de ojeras de no haber dormido bien, estaban ocultas haciéndome ver mucho mejor de lo que antes estaba. Nada más bastó comenzar a bajar lentamente las escaleras para empezar a escuchar algunas voces hablar tranquilamente entre ellos, mientras un delicioso olor a panqueques invadió mis fosas nasales haciendo que apresurara mi paso en llegar a la cocina. — De verdad, muero de ganas de ir Chicago — comentó Jhonny mirando con entusiasmo al pelinegro que tranquilamente comía al igual que éste sentados en la isla de la cocina, pero a penas Thomas estuvo por hablar, éste al notar la distracción del morena, igual volteó a verme solo que sus oscuros ojos me escanearon de una forma descarada hasta parar en mi rostro y, sorpresivamente mostrar indiferencia. Indiferencia... — Buenos días — me adelanté en saludar con un medio abrazo a Jhonny siendo correspondida rápidamente y cuando me dispuse a hacerlo de la misma forma con el pelinegro, éste no mostró tanto apego y solo asintió cortando aquél saludo que iba a darle. ¿Qué demonios le ocurría? Estaba tan confundida y el simple echo de imaginar que quizás había hecho algo estando ebria me preocupaba, en especial porque no recordaba nada. Quería preguntarle pero ni siquiera giraba a verme, era como si mi presencia no fuese de su interés y solo era un adorno más de aquella casa. — Tu comida está en el microondas guardada — comentó animado Jhonny haciendo que vagamente girase a ver el artefacto eléctrico pero a pesar de que mi estómago casi se comía a sí mismo, extrañamente, no quería digerir nada. — amm — balbucee tratando de responderle y luego de un pequeño carraspido me dispuse a mirarle con una ligera sonrisa — gracias pero, no tengo hambre, la verdad. — negué y mis ojos disimuladamente viajaron al pelinegro el cual comía con tranquilidad y sin disimular en lo absoluto solo me seguía ignorando. Ni siquiera me veía, prefería intercalar sus ojos en su plato y en Jhonny como si yo no estuviese en aquella sala con ellos y aquello me molestaba enormemente. Ni siquiera sabía qué le había hecho y ya la culpa y el remordimiento me comían internamente. Sentía como si hubiese hecho algo horrible y debía disculparme solo que llegaba al gran dilema de, ¿Cómo te disculpas de algo que no sabes que haz hecho? — ¿Segura? Deberías comer algo — insistió el moreno — no le hice nada a Elisa porque ella despierta tarde para comer, además antes de que vinieran ella estaba comiéndose todo lo que había en la nevera. — sonrió divertido. — Comeré luego, con ella. — volví a negarme — tú tranquilo, come — sonreí tranquilamente para luego justo antes de irme, detenerme en el mismo lugar donde estaba. — aunque.. — murmuré — ¿Te puedo pedir un favor? Asintió confundido — sí, cual sea. — ¿Me prestas las llaves de tu coche? — pedí casi en suplica juntando mis manos en señal de oración y ése como si se hubiera esperado otra cosa, rápidamente relajó sus músculos y nuevamente asistió salvo que ésta vez sus blancos dientes rápidamente salieron a relucir en una sonrisa. — claro — afirmó y, al fin, después de todo el rato en que allí había estado, Thomas giró a verme nuevamente frunciendo levemente su ceño al ver que Jhonny buscaba las llaves en bolsillo, pero justo cuando creí que éste volvería a ignorarme, rápidamente llevó la última porción que tenía de comida en su plato a su boca con desespero para de una forma apresurada levantarse y llamar nuestra atención. — yo te llevo — se limitó a decir haciendo que Jhonny me mirase esperando una respuesta. ¿Qué le sucedía? ¿A caso no me ignoraba hace unos segundos? — No es necesario, solo haré unas.. — dije que te llevaré — repitió sin dejarme terminar colocando su plato en el fregadero y girando para hacerme frente. Estaba serio, tan serio que parecía que se ofrecía por obligación y no porque él quisiese. No quería ser un estorbo y gran parte de mí no quería que él me acompañase al lugar a donde iría, sin embargo, él estaba tan serio que me llevó a imaginar que quizás él quería ir para hablar y yo podía aprovechar aquello para tratar de averiguar lo que había sucedido y tal vez disculparme. Asentí — de acuerdo. Solo bastaron aquellas palabras para que Jhonny detuviese su meta de entregarme las llaves y Thomas acortara la distancia solo que, sin esperarme, éste se dirigió a la puerta de la casa saliendo y dejándome a mí detrás de él tratando de tomarle el paso. «Roniel podía esperar unos días más» pensaba dirigiendome con nerviosismo al hermoso auto color vino. No podía llevar a Thomas a aquél sitio, él sabría porqué iba, él sabría todo y no podía permitir que lo supiese. Saber que estaba loca, que era una asesina y que había sido internada ya en un psiquiátrico en donde ningún resultado fue obtenido de manera positiva. Pero, como si castigarme pensando en aquello no fuese mucho, mi corazón drástica se aceleró cuando éste al verme cerca de el vehículo, solo se detuvo y queriendo soltar aquello que retenía giró a verme paralizandome completamente en mi lugar. — ¿Quién es Hugo? — preguntó. Hubiese deseado mil preguntas distintas, realmente habría deseado que él me insultase por algún mal acto de mi parte al no estar en óptimas condiciones anoche cuando apenas acabábamos de llegar, pero el solo mencionar ése nombre hacía que mi inquietud saliera a la luz seguido de un pánico trayendo consigo todos los recuerdos que en la mayor parte de el tiempo intentaba reprimir. «¿Quién es Hugo?» — ¿Por qué preguntas? — evadí como si éste me atacase directamente. Toda serenidad al igual que él se había esfumado completamente y mi pecho acelerado quedaba vagamente inmóvil casi dejándome sin aire esperando alguna contestación de su parte. — Ayer.. — murmuró desviando su mirada como si intentase recordar aunque más parecía incomodarse al hablar. Suspiró — Ayer estando borracha hablaste sobre él — «oh, no» — me dijiste que te perdonara. Tú creíste que yo era él. — «Dios, por favor, no» — Al principio quise creer que era un chico del cual gustabas y te hablabas con él pero, no e podido evitar preguntarle al novio de tu amiga — confesó al fin girando a verme y como si intentase ser sutil añadió: — él está muerto, Luci. No podía culpar a Jhonny de decir aquello que no era un secreto pero aún así dolía. Sabía que el error había sido mío, sabía que yo había hablado demás, sabía que incluso él había disimulado su impresión con el moreno hasta el momento en que me había visto. Lo que no sabía, era si Jhonny había contado todo con lujo de detalles. — sí, lo está — afirmé intentando reprimir el terrible nudo en mi garganta que solo hacía que mis ojos ardieran ante él. Iba a llorar, iba nuevamente a llorar ante sus ojos y no iba a poder evitarlo. — yo..— «lo maté» balbucee en un susurro sin poder terminar ésa frase pero a él no le pareció molestar ya que en sus ojos podía verse que claramente sabía. — No soy quién para reclamar, ni juzgar, Luci — negó sin esperar a que yo hablase confundiendome al instante. Aquella molestia que tenía había desaparecido en el momento en que mis ojos asustadizos y vidriosos le habían visto, y más que parecer molesto, solo se le notaba cierta preocupación correr por sus ojos— yo.. anoche me pediste que te besara — murmuró haciendo que tragase intentando evitar mi sonrojo por aquello. Sonrió aunque no era una sonrisa que demostrancen felicidad, solo relucía una leve ironía. — realmente no me lo pediste a mí, se lo diste a él, a Hugo. — corrigió. — tú aún lo amas. — preguntó aunque aquello había sonado como una dolorosa afirmación. — Lo amé — me limité a responder agachando la mirada en el momento en que una lágrima salió de mí ojo mojando completamente mi mejilla y mis labios eran apretados para no soltar ningún sollozo frente a él. No quería que me viese, no quería ser vulnerable por Hugo y que otro más lo notara, pero como si hubiese estado empeñado en verme llorar. Aquél pelinegro no demoró nada en acercarse y sin esperarlo, rodearme con sus brazos. Aquella escena se repetía. Ya era la segunda vez que lloraba en el día y Thomas me refugiaba nuevamente en sus grandes brazos, solo que ésta vez él sabía el motivo. — Me parece que sigues haciéndolo — susurró y sin poder evitarlo mi cuerpo tembló soltando un leve sollozo mientras una de sus manos se adentraba en mi cabello dando suaves caricias que hacían que mi cuerpo entero quisiese recostarse nuevamente. — Debes superarle, Luci — murmuró y mi cuerpo se separó levemente para verle y cuando quise responder, éste rápidamente se adelantó. — Él te hizo mucho daño — negó mientras sus ojos me veían de una manera inexplicable, como si lo que decía le causase impotencia. — lo mejor que puedes hacer es rehacer tu vida y olvidar aquello que pasó. ¿Para qué molestarme a negar sus palabras si sabía que no serviría de nada?. «Daño». Si alguien había dañado al otro había sido yo a él.. pero en cierto punto llegué a hipócritamente agradecer que Jhonny dijese lo que sabía, algo que estaba mal pero que me dejaba en una posición en donde yo era la buena en la historia. “Luci se enamoró de alguien peligroso y enfermo que la dañó y destrozó completamente haciéndole creer que ésta estaba mal e inventando una historia para envolverla y atratarla a ella siendo así su fiel seguidora, aún cuando estaba mal” era lo que solían decir “Luci fue secuestrada y agredida”, “Luci es la única víctima”, “Luci fue valiente al poder escapar y salir con vida”. Yo no era éso, yo no era la víctima, mucho menos valiente ni la buena de la historia. Era tan horrible que pudiendo intentar explicarle a Thomas lo que realmente había pasado, solo callé dejándome envolver nuevamente en su tranquilizador abrazo. No quería ser la mala pero lo era y aunque lo callase, por dentro igual moría de la vergüenza y remordimiento imaginado a Hugo viéndome afirmar a aquellas mentiras. Hugo murió siendo el malo y yo viví para ser la buena. Un demonio aprovechandose de las conclusiones erradas de las personas. Un demonio que agradecía sus prejuicios y falsas conclusiones para no quedar ante Thomas como una loca asesina, pero que aún así, por dentro se consumía en una enorme culpa que la perseguía hasta en sus más profundos sueños para descaradamente torturarle.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD