Maribel cerró la puerta de la oficina a las dos y cuarto. No quedaba nadie. Apagó las luces con ese gesto automático de quien lleva meses haciéndolo todo igual y, sin embargo, esa noche todo le pareció distinto. Como si algo se hubiese agrietado bajo sus pies. Subió la cremallera de la chaqueta, bajó la mirada y empezó a caminar calle abajo, con el frío rascándole la cara. Hacía noches que no se sacaba a Jandro de la cabeza. Desde que vio esa sombra de duda en Mara, esa media sonrisa cuando le enseñó la foto en el móvil y esa frase: "Un hombre como con el que me cito no tiene compromisos, te lo digo no por ceguera, sino porque sé de lo que hablo." Y ahora estaba esto. Lo de Pura. Lo de Edu. Lo de esa carta extraña sobre la herencia de Claudia Salvatierra. Y la policía preguntando. Y Jand

