Aurora comprobó que el hijastro no podía ducharse solo, por lo que no tuvo más remedio que meterse tas en él, en la ducha. Tomo la regadera y comenzó a echarle agua siempre estando el joven de espaldas. Luego comenzó a enjabonarlo, pasado la esponja por la espalda, pectorales, y trasero del joven. Llegó el momento más crucial, “tenía que enjabonar los genitales del joven”. Sin mirarlo, detrás del mismo con la esponja comenzó la labor, agitándose, cuando su mano irremisiblemente tuvo que tocar el pene del joven, y hasta sus testículos. Se quedó casi paralizada. No los había visto, pero, el tacto le verificó que, aún en reposo, el pene del joven debía tener unas buenas proporciones. A medida que lo fue enjabonando, se percató que el falo del muchacho comenzó a crecer endureciéndose. Eso la a

