Maribel no dijo nada durante unos segundos. Luego, con un gesto que sorprendió a ambas, estiró la mano y le tocó la muñeca. —¿Eres feliz ahora? —No del todo. Pero estoy en paz con lo que hago. Y eso, créeme, es más de lo que tiene mucha gente que se cree limpia. Maribel asintió. —¿Nunca pensaste dejarlo? —Sí. Muchas veces. Pero… cuando estás afuera de todo, es difícil volver a entrar. La vida formal no te espera. No hay lugar para nosotras en las oficinas ni en los consultorios. Somos una mancha, aunque tengamos estudios, ideas o bondad. —Eres valiente, Mara. Mucho más de lo que piensas. Mara sonrió, pero con tristeza. —Valiente o terca. No lo sé. —¿Te puedo seguir preguntando cosas? —Sí. Pero no todas las respuestas serán fáciles. —No importa. Me interesa quién eres. De verdad.

