No le soporto. Desde el primer día que pisó esta casa supe que no nos íbamos a llevar bien, y no estaba equivocada. Es altivo, arrogante, borde… ¡todo lo que detesto! Y, sin embargo, cada vez que se acerca a mí, se me eriza la piel; cada vez que me mira con esos ojos azules, que parecen cargados de electricidad, me recorre un cosquilleo por todo el cuerpo que acaba entre mis piernas. Eso es lo que más odio: que encima es guapo y me desarma con curvar sus labios ligeramente. Nuestros padres se han ido de fin de semana con unos amigos y nos han dejado solos, así que mientras él se ha ido por ahí a tomar algo, yo me he quedado terminando el último trabajo de la carrera. Si apruebo esta asignatura, podré empezar las prácticas. Lo bueno es que con la casa tan sola, tan en silencio, solo con el

