Bueno, ¡hoy era la ocasión ideal para desempolvarlas! Gwen se tomaba su tiempo cada vez que el Sr. Williams subía las escaleras. Jadeaba excesivamente, fingía resbalar en un escalón o se detenía para recuperar el aliento, todo mientras meneaba la cintura a propósito. El hombre de mediana edad se encontraba constantemente cara a cara con el maravilloso trasero de su nueva hijastra cada vez que subía una caja. El Sr. Williams intentó mirar a todas partes menos allí, pero fue inútil. La tela de los leggings de la joven rubia se ajustaba muchísimo al cuerpo; no pudo evitar admirar las curvas de su bien formado trasero. ¡No había estado tan cerca de un trasero tan delicioso en años, si no décadas! Cuando Gwen lo miró por encima del hombro, él desvió la mirada, avergonzado. —Tú, eh... Seguro

