Si he de morir, que sea en tus brazos

1218 Words
Desde el punto de vista de Freya Estaba disgustada y muy triste, habían pasado unos días sin que ninguno de mis Mates me visitara. Mi lobo estaba callado y no se atrevía a hablarme, sabía que había herido a Magnus y esperaba que no le hubiera dicho la verdad a Gunnar, yo tenía la culpa y estaba confundida. Eran los malos y debía odiarlos, pero entonces, ¿por qué me sentía mal? Mi mente consciente se aseguró de torturarme por lo que había dicho, a mis ojos yo era la traidora. Eva solía traerme la comida, pero se negaba a quedarse conmigo unos minutos, aunque no podía decirlo, sabía que alguien debía haberle dicho que trajera la comida y recogiera los platos sin decir mucho. Evitaba salir de mi habitación porque tenía miedo de encontrarme con alguno de mis Mates, ¿cómo iba a enfrentarme a ellos? Mi lobo me gruñó fuertemente y luego se calló. —¿Qué, en serio quieres que vaya a buscarlos después de lo que pasó? —pregunté en silencio. Se quedó en silencio, pero pude percibir sus sentimientos, de alguna manera le agradaron mis palabras. Me levanté de la cama y fui al armario que estaba al lado de la cama, lo abrí y saqué un precioso vestido n***o de tamaño medio. —No te importará, ¿verdad? —Le pregunté a mi lobo mientras me quitaba el vestido sucio que llevaba desde hacía días. Normalmente me bañaba, pero tenía miedo de vestirme, la ropa del armario no era mía y no me habían dicho si podía usarlo o no, nada en la habitación me pertenecía. Me puse el vestido y sonreí porque me quedaba perfecto. Rápidamente me recogí el pelo y me hice un nudo desordenado, no me molesté en buscar zapatillas o zapatos, sólo quería verlos cuanto antes. Salí lentamente del dormitorio y bajé a su despacho, nunca había estado allí, sin embargo, sabía dónde estaba. Llegué a la puerta y respiré profundamente cuando escuché la voz de Gunnar. —¿Qué te parece, hermano? —preguntó. Exhalé y esperé a que Magnus o alguien le respondiera. Cuando pasaron unos minutos, fruncí el ceño. En serio, no estaba hablando consigo mismo, ¿verdad? Tal vez estaba en el teléfono. —Hermano, creo que deberíamos aceptar las gemelas alfa que nos ofrecen para la alianza, ya tenemos muchas hembras omegas. —Magnus respondió. Sentí que una punzada de dolor me atravesaba el corazón y mi lobo empezó a gemir y a quejarse. —¿De qué estás hablando? —¿Qué tal si llamo a la manada vecina y les informo de nuestra decisión? —preguntó Magnus, interrumpiendo a Gunnar. Abrí la puerta sin llamar y entré. Mi corazón latía rápido y mis pies se movían como un estanque. Magnus se sentó detrás del escritorio con una sonrisa mientras Gunnar se apoyaba en la pared. Ambos me miraron, no sólo les acababa de interrumpir, sino que ni siquiera podía disculparme. Estaba asustada, aterrorizada, no por ellos sino por lo que decían. Me matarían si tuvieran otras hembras cerca o una loba apareándose junto a mí. Los miré a ambos y me froté la mano en el hombro un par de veces para calmarme. No bajaría la mirada ni me callaría, quería que supieran que no estaba de acuerdo con que tuvieran a otra persona. —No me parece bien que traigan a otras lobas. —dije seriamente, y luego tragué con fuerza. —¿Qué acabas de decir? —preguntó Gunnar y luego se enderezó. —No permitiré que traigas a otras mujeres a esta casa de la manada. —Volví a decir. La sonrisa de Magnus se amplió, mientras que la expresión de Gunnar se convirtió en incredulidad. —¿Crees que tienes permitido hablarnos así? —preguntó Magnus. —Acepto que me equivoqué, Magnus, no debí decir esas palabras hirientes, es que ustedes fueron los que me hirieron primero. —Respondí en voz baja. Ambos me miraron con frialdad, Magnus se pasó la mano por el pelo y cogió el teléfono móvil que estaba sobre su mesa. Marcó un número y dejó sonar el teléfono. El sonido de los latidos de mi corazón era lo suficientemente fuerte como para que lo oyeran, sabía que era una sentencia de muerte llamar a mi Alfa por su nombre de pila, pero también era mi Mate. —Hola. —Una voz masculina respondió. —Hemos leído la carta y nos gustaría aceptar su oferta, estamos muy interesados en sus hijas gemelas. —dijo mientras sentía que la ira aumentaba en mi interior. Mi lobo tomó el control parcial. Furiosa, me acerqué a él y le arranqué el teléfono de la mano y lo tiré al suelo, haciendo que se rompiera en pedazos. —No tendrás más mujeres que yo. ¡Soy tu compañera y soy la única que merece la pena estar a tu lado! Sé que me equivoqué, pero tienes que aprender a perdonar, ¡no deberías desquitarte conmigo de esa manera! —gruñí con fuerza. Cuando vi que sus ojos se volvieron de color rojo oscuro, supe que había dado un paso en falso allí mismo, mi lobo retrocedió inmediatamente asustado con un suave gemido, pude sentir cómo se sometía a él. Se puso en pie mientras yo retrocedía unos pasos con la respiración agitada. Gunnar se puso rápidamente delante de él y le bloqueó el paso. —Hazte a un lado, Gunnar. —advirtió con dominio. —No, Blake, sé que acabarás haciéndole mucho daño y no puedo dejar que eso ocurra. —Respondió con seriedad. —Oye, vete mientras puedas. —Gunnar me susurró. Corrí rápidamente hacia la puerta y me apresuré a salir. Subí las escaleras y entré en mi habitación. No perdí tiempo en cerrar la puerta. Un fuerte gruñido vino de la planta baja, seguido de fuertes pasos. Fui a la esquina y lo esperé, sabía que era él. La puerta se abrió de una patada y él entró, con la sangre goteando de sus garras y la camisa ligeramente rota. —Por favor, lo siento, me estás asustando, Magnus. —susurré entre lágrimas. —Magnus no es el que está hablando Omega. —Me contestó y lo supe y entonces me encontré cara a cara con su lobo y no estaba aquí para hablarme de cosas dulces al oído. Iba a morir de todos modos, así que hice lo único que quería hacer desde que me di cuenta de que eran mis Mates. Me acerqué a él y le rodeé la cintura con mis brazos. —Al menos déjame morir en tus brazos. —Lloré y luego cerré los ojos. —Blake...—Gunnar llamó desde abajo. Exhalé aliviada, sabiendo que sonaba bien. Entró en la habitación ileso. Me pregunté de dónde había salido la sangre de Blake. —¿En serio vas a matar a nuestra única compañera? —preguntó Gunnar. Magnus me apartó y me miró con tristeza. Sus ojos volvieron a la normalidad. —Por una vez en mi vida, realmente estoy de tu lado, hermano. Todas las mujeres son iguales. —Susurró y salió de la habitación. —Espero que estés feliz ahora. —dijo Gunnar y luego se fue también. Me senté en el suelo y sollocé con tristeza.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD