Preparada para mí

1427 Words
Desde el punto de vista de Magnus —¡Eres tan loco y estúpido!— Gunnar me gruñó mientras una mirada roja brillaba en sus ojos. Su lobo estaba muy furioso conmigo. —Gunnar, escucha...—Le supliqué. —No voy a escuchar nada. Será mejor que esperes y reces para que entre en razón y vuelva con nosotros. Me escupió conmocionado. Sabía lo enamorado que estaba de ella. Pero no tenía ni idea de cómo se sentía la corbata. No podía creer que estuviera dispuesto a morir por ella. —¿Eres un maldito idiota? La hiciste sufrir. —Le dije en serio. Se quedó en silencio durante un segundo, luego se dio la vuelta y caminó de vuelta a la casa principal de la manada. —Mierda. —Maldije en voz baja y le seguí rápidamente. —Hermano, escucha... —dije en voz alta. Detuvo sus pasos en la escalera y se volvió hacia mí. Me acerqué y me puse delante de él. —Freya tiene que decidir por sí misma lo que quiere hacer. No podemos forzar su corazón para que se abra a nosotros. En el fondo sabes que tengo razón. No podemos obligarla a estar con nosotros. Debe decidir por si misma si quiere o no. Si realmente nos quiere o siente algo por nosotros, volverá, si no lo hace, entonces la hemos forzado desde el principio. —dije seriamente. Cerró las manos en puños. —¿Qué hay de malo en forzarla a amarnos? Al fin y al cabo, la queremos. —susurró impotente. —Todo eso está mal. Freya es diferente a todas las mujeres con las que hemos estado. Es absolutamente inocente y querernos debe ser muy nuevo para ella. »No podemos usar siempre la violencia contra ella, la romperemos tanto mental como emocionalmente. »Además, ¿has olvidado lo que le hicimos a su padre? —pregunté seriamente. Soltó lentamente su mano y se apoyó de cara a la pared. —Supongo que tienes razón. —dijo en voz baja. Estaba a punto de responder cuando el olor de Freya llenó la habitación. Me giré rápidamente y me puse delante de la puerta. —¿Ha vuelto?. —preguntó Gunnar en un susurro. —Sí. —respondí sorprendido mientras metía las manos en el bolsillo para estabilizarme. Me temblaban ligeramente las manos. No quería que se enterara ni que me viera en ese estado. Justo comencé a bajar las escaleras cuando sus ojos se encontraron con los míos. Cuando Freya entró en la casa de la manada, quise correr hacia ella y abrazarla muy fuerte con mis brazos, pero desgraciadamente no pude. Mi orgullo me hizo bajar lentamente las escaleras. Rápidamente bajó los ojos con el ceño fruncido. Realmente estaba demostrando lo que sentía por nosotros. A pesar de nuestros mal carácter y malos tratos, estaba dispuesta a darnos una segunda oportunidad. Eso era mucho más de lo que podíamos esperar. Me puse delante de ella con una gran sonrisa. Esperé a que levantara la vista y me mirara a los ojos. Cuando lo hizo, me sentí muy feliz. —Ahora sé que nos quieres de verdad. —susurré y luego me incliné hacia delante. Cuando mis labios tocaron los suyos. Se me escapó un suspiro de alivio y el cosquilleo que recorrió mi cuerpo fue tan relajante y sorprendente que sentí volar. Me pasó los brazos por los hombros y cerró el pequeño espacio que había entre nosotros. Mi mano rodeó su espalda y la froté un par de veces. Cuando abrió los labios, dejé que mi sabor se fundiera con el suyo. Se le escapó un hermoso gemido mientras frotaba su cuerpo contra el mío, haciéndome vibrar. Realmente me estaba volviendo loco. Mi cabeza estaba llena de formas en las que podía arrastrarla hasta la cama y estar con ella hasta el amanecer. Estaba perdiendo lentamente la cabeza. Mi mano se movió lentamente desde su cintura hasta su cuello. Cuando mi pulgar tocó su oreja se apartó y trató de recuperar el aliento aturdida. —Sexy... —susurré con voz ronca. Realmente no la dejaría ir. «Hermano, ¿no quieres compartir? También es mi Mate». Los pensamientos de Gunnar se conectaron conmigo. Tragué con fuerza y me aparté mientras Gunnar se ponía delante de ella y le cogía la mano. Se inclinó hacia delante con elegancia, cómo solo él sabía hacerlo y la besó amablemente. Me quedé mirando la escena con una sonrisa. Me sentía extasiado y tenso a la vez. Estaba tan extremadamente conmocionado que se estaba volviendo muy difícil dejarla estar frente a nosotros sin querer devorarla, en el buen sentido de la palabra. Teníamos que alejarnos de ella, teníamos que hacer que hiciera algo que no estaba preparada para hacer. —Hermano... —Le llamé en voz baja. Se apartó con una sonrisa y luego le acarició el labio inferior con el pulgar. —Es realmente muy sexy. No puedo esperar a tener todo su calor. —Gunnar susurró y se dio la vuelta para alejarse. Rápidamente ella le agarró la mano y nos sorprendió. —¿Por qué? —preguntó seriamente. Los dos nos giramos y la miramos. —¿Por qué qué? —preguntó Gunnar. —¿Por qué hacen esto? —preguntó. —Porque eres nuestra Mate. —Gunnar respondió, luego retiró su mano y subió las escaleras. «Hermano, no puedo. Si me quedo un segundo más, no me detendré de tomarla». La mente de Gunnar se conectó y entendí exactamente lo que quería decir. —No era lo que quería oír. —susurró Freya decepcionada. Fruncí el ceño, me acerqué y le besé la frente ¿Cómo demonios fui tan estúpido como para darle la libertad de dejarnos? Cuando ella era todo lo que queríamos y anhelábamos. —Pronto te mimaremos con las palabras que quieres escuchar, pero no partir de ahora, ten paciencia. —dije honestamente. Apoyó su mano en mi mejilla y me miró con cariño a los ojos. —Magnus yo... Tragó con fuerza y volvió a intentarlo. Se mordió el labio inferior con tristeza. Sabía que todo lo que iba a decir era importante. Pero el hecho de que le costara decirlo significaba que aún no estaba preparada para abrirse a mí. —Magnus, yo... —Está bien, Freya. Nos alegramos de que hayas vuelto con nosotros. Gracias. —Le dije y luego tomé su mano y la besé suavemente. Se tensó y se quedó quieta. Me retiré con una sonrisa. Me devolvió la sonrisa, pero ésta se desvaneció cuando sus ojos se posaron alrededor como buscando a alguien. Rápidamente me giré incómodo y miré al otro lado. —Deberías volver a tu habitación, debes estar cansada. —dije suavemente. Su mano en mi espalda me hizo dar un respingo. —¿Acaso... Te hace ... Te sienta mal mi cercanía? —Sí, y tenerte a mi lado no ayuda en absoluto. —Respondí con sinceridad. —No, pero... —Realmente necesitas ir a tu habitación y descansar. —dije interrumpiéndola, y luego me volví para mirarla. Luego fruncí el ceño cuando ella dio un paso más y cerró el espacio entre nosotros, poniéndose de puntillas mientras me miraba a los ojos. —¿Qué estás haciendo? Me tragué mis palabras cuando sus labios tocaron los míos y la hermosa sensación de cosquilleo estalló una vez más. Puse mi mano en su nuca y presioné mis labios con fuerza contra los suyos mientras ella respondía, con su mano apoyada en mis abdoFreyales y bajando. Me aparté rápidamente con los ojos muy abiertos cuando su mano se dirigió sin más a parte más íntima. —¿Qué pasa? —preguntó ella inocentemente. Cogí su mano y la estreché entre las mías. —No. —dije en tono de advertencia. —¿Qué? ¿Por qué? —preguntó con el ceño fruncido. —Todo lo que tienes que saber es que no puedes tocarme así. —respondí con seriedad. —¿Por qué no? Somos Mates. —dijo con confianza. Sonreí, luego me incliné hacia delante y solté su mano. —Si estás preparada para subir a mi alcoba, entregarte completa y dejar que pase lo que sabes que va a pasar allí, entonces, por favor, no te reprimas y tócame de nuevo como lo hiciste. —Amenacé. Rápidamente puso ambas manos detrás de ella. —Como pensaba, no te gustaría, ¿verdad? Ahora, si me disculpas. Tengo que ocuparme de algunas cosas. —dije, y luego me di la vuelta y subí las escaleras, dejándola sola abajo.
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