Desde el punto de vista de Freya
—¿Qué ha hecho? —preguntó Magnus con seriedad.
—Pregúntale a nuestra Mate. —Él respondió.
Magnus se acercó a mí y se me quedó mirando con cara inquisidora.
—¿Qué ha pasado? —Me preguntó en voz baja.
Miré a la hembra Alfa y noté cómo se estaba curando lentamente.
—Cuéntame. —Volvió a preguntar con una suave sonrisa.
Tragué con fuerza y pensé en ello. Él y Gunnar eran gemelos idénticos. Si descubriera la verdad, ¿la mataría inmediatamente?
Esta pregunta resonó con fuerza en mi cabeza. La vida de la hembra alfa estaba en mis manos. Y yo tenía la última palabra.
—Ella... bueno, ella...
—Está bien, puedes decírmelo. Recuerda que soy más racional que Gunnar. —dijo en voz baja y luego tomó mi mano entre las suyas.
El agradable cosquilleo me calmó y me hizo sentir bien. Quería poder decírselo todo, pero sabía que les podría costar la vida.
Magnus fue razonable y reaccionó lentamente. Pero eso no significaba que no fuera tan frío como Gunnar.
No podía olvidar cómo había ahogado a la otra hembra alfa con mucha rabia. Sus instintos eran tan brutales como los de Gunnar.
—Acaba de tomar mi habitación y ha intentado echarme. —respondí con seriedad, mientras ponía mi otra mano sobre la suya.
—¿Y....? —preguntó con la mirada alzada esperando que le dijera más.
Miré a Gunnar y noté lo molesto que estaba.
—Y me faltó el respeto a mí, tu Luna, y a los dos, mis alfas, al referirse a ustedes sin título. —Respondí con sinceridad.
Me quedé helada y me tensé cuando cerró el espacio entre nosotros y me abrazó.
Miré a Gunnar sorprendida y me di cuenta de lo feliz que parecía él también.
¿Qué pasó? Hace un segundo el aura que nos rodeaba era de ira y muerte, pero ahora se sentía diferente y los gemelos parecían muy felices.
Magnus se echó hacia atrás con una gran sonrisa y acarició suavemente mi pelo hacia atrás.
—Debes estar cansada, ¿verdad? —preguntó suavemente.
Me tragué un ronroneo que intentó escapar de mis labios y asentí.
Mi loba estaba contenta y muy feliz y además, se sentía en paz. Por alguna razón, ella parecía entender a los gemelos mejor que yo.
—Bien. Compartirás la cama conmigo o con Gunnar mientras Cristian prepara tu habitación. —dijo en voz baja.
Una sonrisa se formó en mi cara. Realmente estaba muy feliz de saber que el olor a hembra alfa iba a ser eliFreyado de mi espacio. Pero también me resultaba un poco incómodo saber que iba a dormir al lado de uno de mis Mates.
Mis mejillas se calentaron al instante al recordar cómo me aferré a Magnus, queriendo que me abrazara y me besara durante todo el tiempo que pudiera tenerme. Incluso me atreví a tocarlo así para provocarlo. Lo que realmente me pasaría si eligiera su habitación.
—No importa la habitación que elija, hermano. Si ella elige estar contigo, no me prMagnusé de visitar tu habitación sólo para tenerla en mis brazos también. Sé que dirías lo mismo si ella eligiera la mía. —dijo Gunnar en voz alta.
Contuve la respiración y miré a Magnus a los ojos. Quería que confirmara que las palabras de Gunnar eran ciertas o sólo una broma. Aunque nunca bromeaban.
—Los dos queremos abrazarte tanto. —susurró.
Exhalé y me froté la nuca con nerviosismo.
—No lo sé... —susurré suavemente.
Todavía no estaba preparada para aparearme con ellos. Sí, estaba enamorada de los dos, pero eso no significaba que quisiera ir más allá.
—Un momento, Freya, ¿crees que por querer abrazarte, queremos tener sexo contigo? —preguntó Magnus, abriendo los ojos y en voz alta.
Fruncí el ceño confundida.
—¿No es así? —pregunté de nuevo con inquietud.
Gunnar estalló en carcajadas, sorprendiéndome. Era la primera vez que veía a los gemelos reírse tan libremente.
—No. Sólo queremos tenerte en nuestros brazos sin hacer nada. Freya, queremos hacerlo todo bien esta vez. Y eso incluye que estés dispuesta a aparearte con nosotros. No vamos a obligarte a hacer cosas con las que no te sientas cómoda o no estés preparada. —dijo Magnus en voz baja.
Me mordí el labio inferior y bajé la mirada. Mis ojos se llenaron de lágrimas.
El hecho de que fueran tan considerados con mis sentimientos me hizo darme cuenta de lo mucho que querían estar conmigo.
—Eres realmente inocente. —susurró Magnus, luego se inclinó y me besó ligeramente en la cabeza.
Estaba a punto de darse la vuelta cuando rápidamente le cogí la mano.
—¿Qué pasa? —preguntó en voz baja.
—Por favor, déjalas ir. —Le supliqué en voz baja.
Quería que las mujeres alfas fueran expulsadas, no asesinadas.
—Envíenlas de vuelta al lugar de donde vinieron. —dije con seriedad.
—¿Y por qué deberíamos hacerlo? —preguntó Gunnar en voz alta.
Levanté la vista y me encontré con su mirada, mi loba se mantuvo firme y pude sentir el valor que nunca creí posible surgiendo en nosotros.
—Porque nos tienes a tu lado, a tu verdadera compañera y tu Luna. —respondí con dulzura.
El shock estaba escrito en su cara. Y si no fuera porque mi loba había tomado el mando, yo también habría tenido miedo de decir algo así.
—Hermano... —dijo Gunnar en voz alta.
Magnus levantó la mano y me tocó la barbilla, haciendo que le mirara.
—Considéralo hecho. Pero hay que tener cuidado, esas dos alfas tenían un motivo para venir aquí. Si las dejamos ir, podrían volver a planear otra cosa. —dijo con seriedad.
Lo sabía bien, y aunque no pensaba mucho en ello, era obvio que tenían un motivo.
—Su padre, el Alfa, podría intentar iniciar una guerra si las matas a ambas. Sí, se podrían quedar fácilmente en la manada, pero eso no significa que nuestra gente no se vea afectada. Así que, en vez de empezar una guerra, deja que se vayan. Y si conspiran y vuelven, entonces podrás castigarlas como quieras y creas conveniente. —Le contesté.
Magnus me miró en silencio durante unos minutos y luego sonrió.
—Realmente estás hecha para nosotros. —dijo seriamente, luego se dio la vuelta y bajó las escaleras hacia Gunnar.
No pude evitar sonreír felizmente como una niña pequeña. Por primera vez hablé y me mantuve firme sin miedo, y ambos escucharon mi petición sin contradecirme ni amenazarme.
No era mucho. Sin embargo, fue el progreso que quería y lo que nos impulsó en la dirección correcta.