Hechizo

1415 Words
Desde el punto de vista de Gunnar —Quédate en una de nuestras habitaciones y no te muevas. —Le advertí a Freya seriamente. —Pero... —No, tú la escuchaste, ¿no? Hay un hechizo oculto en tu habitación. —respondió Magnus, interrumpiéndola. —¿Y si te mata? Y si es muy perjudicial para los dos. —Exclamó por encima de su voz. Sonreí, luego me acerqué y me incliné para besar su mejilla. —El hecho de que estés preocupado por nosotros es muy desgarrador, pero tenemos que hacer esto, así que, quédate atrás y espera hasta que despejemos tu habitación, ¿Quedó claro? —dije suavemente. —¡No! —Contestó enérgicamente y salió corriendo de la cocina dejándonos sorprendidos. —¡Freya! —grité con fuerza mientras la seguía a su dormitorio, dejando atrás a las alfas femeninas. «No le hagas daño». Magnus Mind me vinculó con su mente. «No puedo hacerle nada malo. Sólo quiero detenerla», le respondí y luego de llegar a la puerta de su dormitorio, traté de abrirla, estaba cerrada. «¡Cómo demonios ha encontrado la llave de su habitación!», exclamé en voz alta a través de nuestro enlace mental. —Siempre estuvo ahí, hermano. —Magnus contestó por detrás de mí. —Está bien, no importa. —respondí, luego alcé mi pie y pateé la puerta para abrirla, acto seguido me apresuré a entrar. Freya estaba de pie al otro lado, de espaldas a nosotros. —Freya... —La llamé en voz baja. Se giró lentamente y me miró. Tenía los ojos muy abiertos por el miedo. En sus manos había una flor púrpura que parecía hermosa y a la vez muy mortal. Los ojos de Freya se fijaron de nuevo en Yira y su expresión parecía torturada. Unas cuantas venas oscuras comenzaron a aparecer en sus brazos y manos. —Déjala. —Ordenó Magnus con seriedad. —No podemos, esta flor está encantada con cierta poción que puede ser fatal para ambos. —susurró, luego pasó junto a mí y salió de la habitación. Estaba a punto de detenerla cuando Magnus me puso la mano en el hombro y sacudió la cabeza para detenerme. —¿Por qué? ¿Por qué debemos hacerla pasar por esto sola? Parece muy doloroso. —grité con rabia y salí de la habitación antes de que pudiera responderme. Seguí su olor, que me llevó a la cocina. Las hembras alfa ya no estaban allí, pero su sangre seguía en el suelo. Freya estaba de pie junto a un grifo abierto con las manos extendidas mientras el agua fluía sobre la flor. —Freya... —La llamé suavemente mientras Magnus entraba. —Se acabará pronto. —Contestó, luego miró lentamente en mi dirección y forzó una sonrisa en su rostro. Pude verlo en su mirada, sentarse realmente le estaba produciendo dolor. —¿Hay alguna manera de que pueda ayudar, por favor? —Le supliqué mientras su sonrisa desaparecía. —Presiona tu mano en mi hombro. —susurró. Me moví rápidamente sin dudarlo y presioné mi mano en su hombro. Inmediatamente, una ola de dolor me golpeó con fuerza desencadenando a Zane, mi lobo. Estaba tratando de salir y podía sentir que el dolor rápidamente se apoderaba de mí y de Freya. El dolor era intenso y me costó todo lo que tenía para mantenerme firme. —Podemos luchar contra ello. —Magnus susurró con voz ronca mientras también apoyaba su mano en el hombro de Freya. Inmediatamente, sus ojos brillaron en rojo y su expresión se puso tensa. A él también le dolía, como a mí, y Blake, el lobo de Magnus, se esforzaba por mantenerla en pie. Mi respiración se volvió jadeante y el sudor se formó en mi frente. El color púrpura de la flor comenzó a volverse lentamente blanco. Miré a Freya y noté que ella también estaba sudando, su respiración era fuerte y dificultosa. —Un poco más... —susurró sin fuerzas. Apreté mi mano libre y cerré los ojos por un segundo. Si no hubiera sido por el durísimo entrenamiento que habíamos hecho Magnus y yo. Nos habríamos desmayado. No podía ni pensar en lo que estaba pasando Freya, estaba seguro de que Yira también estaba pasando por su dolor. Las dos hembras alfas estarían muertas, las mataría poco después de asegurarme de que Freya estaba bien. Cuando el dolor disminuyó lentamente, abrí los ojos y miré la flor, que ahora estaba toda blanca. La colocó en el fregadero y miró a Magnus. —Es Don... Sus palabras fueron interrumpidas cuando cayó sobre Magnus, quien rápidamente la sostuvo. —¡Freya! —gritó con fuerza mientras el miedo me invadía. Rápidamente la levantó al estilo nupcial y salió corriendo de la habitación. Estaba justo detrás de él mientras me obligaba a caFreyar, no me quedaban fuerzas. Ignoramos las miradas fijas y de asombro de todos mientras nos apresuramos a ir a la clínica de la manada. Cuando entramos, un par de enfermeras se apresuraron inmediatamente hacia nosotros. —Alfas, entren rápidamente en esta sala. —dijo una enfermera mientras señalaba la sala que tenían delante. La seguimos sin preguntar y entramos en la sala. —Por favor, bájala. —dijo mientras él lo hacía. La puerta se abrió y entró una mujer mayor con bata de laboratorio. Se inclinó ligeramente hacia nosotros y se puso al lado de Freya. Mi visión se volvió ligeramente borrosa y sentí náuseas. Me acerqué a la puerta y me apoyé en el marco. «Hermano, el hechizo me ha golpeado terriblemente. No podré mantener mi postura estable por más tiempo», le hice saber a Magnus por nuestro vínculo mental. Lentamente me enderezo y salgo de la sala. —Necesitamos descansar. —dijo Zane en un suspiro. —No, no podemos dejarla así... —susurré, luego me dirigí a un banco frente a la estación y me senté. Me cubrí la cara con las manos y luego respiré profundamente. Todo fue culpa mía. Si no hubiera aceptado acoger a las hembras alfas, esto no habría ocurrido. Estaba muy preocupado, pero sobre todo tenía miedo de lo que pudiera pasarle a Freya. Quería estar a su lado, pero sabía que yo también me desmayaría. —¡Alfa! —Una voz de mujer gritó con fuerza. Me levanté y me apresuré a entrar en la enfermería. Su estómago estaba hundido. Dos enfermeras estaban a su lado, tocando su cara y revisando sus ojos. Magnus estaba de rodillas, con los brazos tumbados. Me acerqué rápidamente y me arrodillé a su lado con un fuerte gruñido mientras ellos retrocedían temerosos. —Hermano... —Le dije en voz baja. Cuando levantó la vista, contuve la respiración durante un segundo. Un rastro de sangre salía de su boca. —Cuidado. —Respiré con miedo. —Ella tiene un dolor peor. —susurró con voz quebradiza. —Te tengo, por favor, intenta levantarte. —Le dije suavemente y luego le ayudé a levantarse con las pocas fuerzas que tenía. Salí con él lentamente de la sala y entré en la siguiente. —Tranquilo. —susurré mientras le ayudaba a subir a la cama—. Estaré a su lado, descansa. —dije en voz baja. Me miró con tristeza y luego asintió. Salí de la sala y me encontré con un par de médicos de pie un poco más lejos, con los ojos fijos en el suelo. —Si él muere, tú mueres. —Escupí doFreyantemente y luego fui a la sala de Mia. Un dolor punzante me atravesó el pecho y me costó respirar. Sin embargo, no la dejaría sola. Me necesitaba a su lado. Me paré en la entrada y me aclaré la garganta para atraer la atención del médico y las enfermeras. —Nadie se va hasta que se despierte. Si no lo hace, los mataré a todos y también a los miembros de sus familias. Se los juro. —dije con sinceridad y luego me tapé la boca con la mano mientras tosía, ignorando el dolor. La mujer mayor, que estaba segura de que era la doctora, tenía los ojos muy abiertos. —Lo siento Alfa, pero está sangrando. —susurró. Me miré la mano y vi que estaba cubierta de sangre. Ni siquiera podía oler el aroma de la sangre. —¿Quieres morir? Tu trabajo es curarla, no hablar conmigo. —Gruñí con advertencia. No dejaría que aflojaran. Debían trabajar duro porque sus vidas dependían de su pronta recuperación.
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