25 GINEBRA Creí que me estaba volviendo loca. Estaba desesperada y me sentía impotente. Después de que se habían llevado a Lorenzo, había rogado y suplicado a mi padre que lo dejara ir. Había llorado y gritado hasta quedarme sin voz, pero todo había sido inútil. Me habían llevado por la fuerza por dos guardias y, encerrado en la habitación que tenía cuando vivía en la villa. Se me prohibió salir de la casa e ir al jardín o a mis viejas dependencias, sin un guardia a mi lado. Se me había confiscado el celular y siempre había alguien que me seguía con las videocámaras de vigilancia, que había en toda la propiedad. Tuve que esperar todo un día para poder hablar de nuevo con mi padre. Un día en el que me pareció que moría lentamente con la sola idea de lo que le estaba haciendo a L

