Algunos los llaman destino, otros simplemente casualidad. Aquel día aquella joven se encontraba más que destruida, y no solo por aquel dolor que tanto la molestaba en su vientre bajo, sino que también se encontraba más que destruida al saber que su madre había tratado de quitarse la vida y no solo eso, ahora se encontraba internada en el hospital luchando por su vida. Quería llorar, gritar, golpear, pero sabía que nada de ello aliviaría el dolor que sentía. Miro la hora en el reloj que se encontraba encima de la caja registradora. Dos minutos. Se quitó el mandil que llevaba y empezó a guardar sus cosas mientras esperaba que nadie mas cruzara el umbral de la puerta. El timbre sonó indicando que su turno había acabado, tomo su cartera y se dispuso a salir, y lo hubiera hecho si aquel jove

