''Amar se convirtió en lo principal. ‘‘
Cenamos entre risas, ellos realmente eran la personificación del amor en todo su esplendor, a veces hasta se pasaban de melosos.
—Ok, pongamos de regla no ser tan melosos frente a tu hija—dije y ambos se rieron para luego rozar sus narices y decir cosas muy dulces.
—Mi terroncito de azúcar, cuanto te amo—dijo mi papá sonriendo.
—Mi caramelito sabroso—me tapé los oídos mientras llevaba los platos para lavarlos, recordando que solo me falta un día para cumplir con la apuesta.
Ya me sentía ganadora.
Estando con ellos pude olvidarme de todo lo que me aquejaba hasta que mi celular volvió a sonar y mi corazón comenzó a martillar con fuerza, terminé de lavar los platos, me sequé las manos y me acerqué a mis papás.
—Los amo, me voy a dormir empalagosos, que pasen linda noche ustedes—ambos me vieron sorprendidos y luego entrecerraron sus ojos haciéndome reír—son unos loquillos—dije para terminar de subir hasta mi habitación.
Cerré detrás de mí y me tiré a la cama sacando mi celular de mi bolsillo, lo desbloquee y es un mensaje de Benjamín.
Benja: Ya estoy abajo ¿abres?
Sonreí y me acerqué a la ventana para correr la cortina y verlo abajo, la abrí y me devolví a la cama para esperarlo allí.
Se tardó cinco minutos para entrar y cerrar detrás de él, se acercó a mí sonriendo y me abrazó al tenerme cerca.
—Te extrañé mucho, preciosa—dijo y me dio un beso en la frente.
—Y yo a ti Benja—lo tomé por la nuca y lo besé con necesidad, quería poder olvidar esa paranoia, ese mensaje, ese acoso y todo lo de Madison.
Él me tomó por la cintura y me empujó hacia atrás para ponerse por completo sobre mí y entre mis piernas, metí mis manos por dentro de su camisa y sentí su cálida piel con mis dedos.
Benjamín exploró dentro de mi camisa y jadeando ambos nos dejamos llevar por el momento, por la intensidad y por lo que sentimos.
Su delicadeza me llenó el corazón de amor, era como una pieza de cristal en sus manos, pasamos de los besos a que él recorriera mi cuerpo con sus labios, decorando mi cuerpo con sus besos, cubriendo cada parte con él.
Impregnándome de su esencia, de su amor y se sentía tan increíble, sentía que deliraba.
— ¿Quieres seguir?—me preguntó y yo lo atraje hacia mí para besarlo con ganas.
—No estoy lista para pasar a más pero amo como tocas mi cuerpo—le dije y volví a besarlo—te amo Benjamín y te necesito—dije y él me abrazó con fuerza—no sé qué haría sin ti y mis amigos, son lo mejor que tengo además de mis padres—él dejó besos por todo mi cabello y luego por mi rostro hasta terminar en mis labios nuevamente.
—Te amo, Fabiana. Mi hermosa mamá panda, mi divertida y mandona Fabs y no habrá momento en el que no esté a tu lado porque ahora ese es mi lugar—me abrazó y nos quedamos así con los ojos cerrados.
Podía escuchar su corazón bombear con fuerza y sentir el mío queriendo ir a su encuentro.
—Ya verás que resolveremos esto, ahora es hora de dormir que no dormiste nada la noche anterior—asentí y aspiré su aroma.
Comencé a adormecerme en el momento en que sus caricias empezaron a viajar por mi cabello.
—Descansa, amor—susurró en mi oído y yo suspiré quedándome dormida.
Escuché a los pájaros cantar en mi celular y me levanté sintiéndome mucho mejor que ayer, dormir sí que es reconfortante. Me estiré y bajé mis piernas de la cama, en mi buró encontré una nota escrita por Benjamín, la tomé y la leí sonriendo.
''Espero que hayas descansado, nos vemos en media hora.
Te ama, Benjamín. ‘‘
La guardo en la gaveta y me levanto para ir al baño, me aseo rápido y voy a mi armario escogiendo un vestido holgado morado con un faralao en los hombros y con una cinta ajustable en medio de los senos, me coloco unas sandalias y me humecto un poco la cara para después hacerme un moño alto un poco desordenado, me acomodo los mechones que quedaron por fuera y me sonrió en el espejo.
Hoy si me veo como yo, ayer solo parecía un fantasma. Tomo mis cosas y salgo de mi habitación para después bajar las escaleras y caminar hacia la pequeña mesa para tres que está en una esquina de la cocina cerca de la ventana.
Mi papá está ahí leyendo el periódico.
— ¿Eso aún se lee?—pregunté y él asintió—se me olvidaba que tú eres un viejito papá—dije y mi mamá comenzó a reírse.
—No tientes a tu suerte jovencita—negué.
—Ya hasta hablas como uno—dije y me golpeó el brazo con el periódico.
Mi mamá nos sirvió el desayuno y esta vez comimos en silencio, me reí internamente porque sé que están en duelo por el dinero que está a punto de perder si llego a lavar los platos esta noche, nadie los mandó a subestimar a su hermosa hija.
—Entonces... esta noche es la final—dije y ambos me vieron mal—no me vean así, ustedes se metieron en esto al no confiar en mi—dije y me levanté—los amo, nos vemos en la tarde—les di un beso y salí de la cocina, pase por el comedor y llegué a la sala para caminar hasta la puerta y abrirla viendo a Benjamín frente a mí.
—Ya iba a tocar—dijo sonriendo.
—Así vi —di un paso hacia él cerrando y me tomó por la cintura alzándome un poco para darme un beso delicado y dulce dejándome sin aliento.
—Te extrañe—tomó mi mano y nos guio hacia el auto.
Pasamos el camino de piedras y él abrió la puerta para que yo subiera lo que hice encantada, rodeó el auto para luego subirse él.
—Debemos pasar buscando a Charlotte y a Erick otra vez—yo asentí y siendo la persona inteligente que soy, conecto mi celular al estéreo y comienzan a sonar mis canciones—gracias, igual le iba a decir a Charlotte que se dañó o algo así, no soportaré otro viaje en donde ella esté cantando esas canciones de esa boy band—me reí y él comenzó a conducir.
Llegamos y nos bajamos los cuatro como si fuéramos de esos chicos de las series, me reí porque en realidad todos nos veían por ser los famosos chicos que comenzaron la guerra, éramos famosos en nuestro último año.
Entramos como las estrellas del colegio y cuando llegamos a nuestros casilleros nos reímos a carcajadas por lo tonto que seguramente nos veíamos.
Benjamín me dio un beso para irse con Erick y Charlotte a su primera clase, yo cerré mi casillero y caminé para llegar a la mía y no dejaba de pensar en cómo Madison había cambiado tanto, como había mostrado su verdadera cara por fin y ahora sabia porque tanto odio, al cual no le encuentro sentido.
Logré pasar las primeras horas de la mañana pero en mi interior la preocupación crecía cada vez más. Caminar a oscuras no era lo mío, yo quería andar en claridad siempre y saber lo que pasaba a mi alrededor.
Pero no podía averiguarlo sola, no podía simplemente estrellarme porque quisiera saber la verdad.
Un chico se acercó a mí y sin decir nada me entregó una nota, la vi dudosa pero la abrí de todas formas para terminar sonriendo por las locuras de mi novio.